martes, 15 de abril de 2014

Valparaíso

Tres días seguidos mirando la televisión mirando como el puerto más lindo del mundo se prendé fuego. Valparaíso es la poesía convertida en ciudad, pero así de pobre es. La ciudad creció hacia arriba sin control y arriba los pobres se quedaron solos. Que importa poner agua en los grifos para cuidar sus casuchas de maderas, lejos los pobres con sus pobrezas y ahí arriba como una película de terror la nada. Decí que Neruda escribió una oda para poder darme palabras cuando me faltan.


Oda a Valparaíso

VALPARAÍSO,
qué disparate
eres,
qué loco,
puerto loco,
qué cabeza
con cerros,
desgreñada,
no acabas
de peinarte,
nunca
tuviste
tiempo de vestirte,
siempre
te sorprendió
la vida,
te despertó la muerte,
en camisa,
en largos calzoncillos
con flecos de colores,
desnudo
con un nombre
tatuado en la barriga,
y con sombrero,
te agarró el terremoto,
corriste
enloquecido,
te quebraste las uñas,
se movieron
las aguas y las piedras,
las veredas,
el mar,
la noche,
tú dormías
en tierra,
cansado
de tus navegaciones,
y la tierra,
furiosa,
levantó su oleaje
más tempestuoso
que el vendaval marino,
el polvo
te cubría
los ojos,
las llamas
quemaban tus zapatos,
las sólidas
casas de los banqueros
trepidaban
como heridas ballenas,
mientras arriba
las casas de los pobres
saltaban
al vacio
como aves
prisioneras
que probando las alas
se desploman.

Pronto,
Valparaíso,
marinero,
te olvidas
de las lágrimas,
vuelves
a colgar tus moradas,
a pintar puertas
verdes,
ventanas
amarillas,
todo
lo transformas en nave,
eres
la remendada proa
de un pequeño,
valeroso
navío.
La tempestad corona
con espuma
tus cordeles que cantan
y la luz del océano
hace temblar camisas
y banderas
en tu vacilación indestructible.

Estrella
oscura
eres
de lejos,
en la altura de la costa
resplandeces
y pronto
entregas
tu escondido fuego,
el vaivén
de tus sordos callejones,
el desenfado
de tu movimiento,
la claridad
de tu marinería.
Aquí termino, es esta
oda,
Valparaíso,
tan pequeña
como una camiseta
desvalida,
colgando
en tus ventanas harapientas
meciéndose
en el viento
del océano,
impregnándose
de todos
los dolores
de tu suelo,
recibiendo
el rocío
de los mares, el beso
del ancho mar colérico
que con toda su fuerza
golpeándose en tu piedra
no pudo
derribarte,
porque en tu pecho austral
están tatuadas
la lucha,
la esperanza,
la solidaridad
y la alegría
como anclas
que resisten
las olas de la tierra.

martes, 8 de abril de 2014

El hombre de los pies-murciélago

El hombre de los pies-murciélago

Sandra Siemens
Editorial Norma 
Colección: Zona Libre
ISBN: 978-987-545-563-4

La realidad, la terrible realidad de Esper, que no tiene otra alternativa que volverse invisible, desaparecer para no seguir siendo el blanco de los otros. Esper un chico distinto, ni más alto ni más más gordo o feo o flaco o pobre solo distinto.

La novela de Sandra Siemens nos atrapa desde el inicio, con un ritmo que se acelera y se vuelve insoportable. Y una pregunta ¿no hay adultos en ese mundo? Y el libro te interpela, interpela al adulto, ¿no ves lo que esta pasando? Y no, nadie lo ve, nadie. Todos los adultos metidos en sus cosas, sin ver a ese chico.

¿Y los chicos? ¿sus compañeros? ¿los que crecen con él? Un montón de by standers, de espectadores que encantados observan el horror y lo festejan. Chicos y chicas felices de ser parte de la barbarie. Por estar al lado del popular, por pertenecer.
Y lo más terrible, esto no pasa solo en las películas.

Editorial Norma se la juega con este libro y más de un problema le debe haber traído. Las escuelas no saben que hacer con el tema, le venden a los padres una idea de paz como dice el amigo Melcer (especialista en temas de Bullying que tiene un sitio muy bueno), una idea de paz que tienen que mantener a toda costa. Y la realidad a veces te da patadas en la cara y te trae un pibe internado, porque un montón de angelitos encontraron gracioso darle de patadas, o ella mi miro mal, o era muy linda.
Terrible, terrible, terrible.
Y los adultos felices de no saber, de no escuchar, de no leer.

Sandra Siemens se anima. Se anima a llegar al fondo, a mostrar. Se anima y hay que hacerle un monumento. Y pedirle a los colegas, si van a escribir sobre violencia, no pueden no escribir la violencia. La literatura tiene que ser honesta.

Ah y una cosa mas: pongan en el buscador el título y lean las páginas que escriben los chicos.