sábado, 25 de mayo de 2013

Adiós a Elsa Bornemann



Para  empezar a hablar de Elsa Bornemann y todo lo que significó en mi infancia debo comenzar contando algo de Robin Wood y la feria del Libro. Hace unas semanas fui al foro Educación y Comunicación en la feria del Libro. Llegué sin saber que iba a encontrar y lo que encontré fue la sala Roberto Arlt llena de docentes escuchando a Robin Wood. Quedé maravillado, jamás hubiera pensado que Robin Wood existía. Para mí solo era la firma que tenían mis historietas favoritas. Dago era real, Nippur era real, hasta Pepe Sánchez era real. ¿Robin Wood? ¿Quién era él? Un desconocido. No me pasó lo mismo con Oesterheld, quizás porque era el autor del Eternauta, quizás porque me contaron un poco de la historia de su vida, no lo sé. Al ver a Robin allí charlando y contando su vida, digna de una de sus historietas, parte de mí no podía creerlo.



Lo mismo me pasa con Elsa Bornemann. Cuando me enteré de su muerte la reacción fue de incredulidad ¿Quién? ¿Esa señora, todavía un poco joven en la foto del Face? No caía. Recién volvía del trabajo caminando y mi cerebro me dio un golpecito en el hombro. Socorro, me dijo. El elefante que armaba una huelga, la niña de la trenza tan, tan larga, me recordó…



Y para que no quedaran dudas me vino la imagen a la cabeza. Los tres acostados, mis hermanos y yo, arropado hasta el cuello, con la manta verde que todavía conservo. Mi papá sacaba El Libro. No teníamos muchos libros, por ahí porque todavía no existía el Boom de la LIJ, por ahí porque todavía estábamos en dictadura. Yo no lo sabía, solo sabía que en El Libro estaban todas las historias, todos los cuentos que quería leer. Mi papá preguntaba cuál. “El cinco” decíamos, “el 48”. Nos sabíamos los cuentos de memoria. El del gigante y el burrito (¿Cuántos años antes de Shreck?); la princesa que quería la luna; El conejo valiente, que era hijo del Gran Tragalobos y de la Gran Comeleopardos; y cuantos más que todavía hoy recuerdo. Hasta que un día mi papá decidió que ya éramos grandes para leernos. Y tuve que aprender a leer. Para mí eso es Elsa Bornemann: La autora de la Antología del Cuento Infantil. Y eso seguirá siendo, porque puede ser que un autor viva en sus libros. Pero hay libros que viven en sus lectores.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Camino a casa o como un libro se transforma en imprescindible


Camino a casa
Jairo Buitrago y Rafael Yockteng
Colección: A la orilla del viento (infantiles)
Serie: Los especiales de A la orilla del viento
ISBN: 9786071600073
Formato: 23 x 23 cm., 32 pp.
Primera edición: 2008
Última edición: 2008


Me lo recomendaron hace años, pero a Chile no he vuelto. Lo pedí a cada persona que vino y por fin en esta feria estaba en la vidriera de FCE y gracias a Lola se vino conmigo.
Pensé mucho en como reseñar este libro. Mi mayor problema era hablar sobre el tema sin contarles el final. Llegué a la conclusión que es un poco imposible y que es más importante hacerlo que tratar de no spoilear. Así que los que quieran la sorpresa, no sigan para adelante.

Una niña, sale de la escuela. Convoca una presencia, alguien que alivie su carga, que comparta la agotadora vuelta a casa. A su encuentro viene un enorme león. 
"para tener con quién hablar | y no dormirme en el camino"
Qué sola está la nena con sus medias caídas arriba de ese león enorme. En medio de la ciudad, tratando de ir más rápido que todos.
Como en todas las ciudades al borde de la cordillera (como Santiago y  Bogotá) tiene los barrios alejados del centro. Y las distancias que el la gente común tiene que recorrer es larga y cansadora.
"Entremos juntos al barrio," será un barrio peligroso, de todas maneras ella se siente más segura con ese león melenudo que parece asustar a su paso.
El león acompaña a la niña a buscar a su hermanito, que lo cuida una mujer, con un montón de otros nenes llorones atrás. Luego la acompaña a la tienda donde ya no le venden fiado. Y con esa presencia ese día pueden comer. 
Ya desde las guardas el libro cuenta una historia fuerte. Una historia común para muchos niños. Niños pequeños que crecen rápido, que hacen tareas de grandes, que toman responsabilidades. Cuidan sus hermanitos, hacen las tareas de la casa, niños de clase obrera, sin nanas, sin mucama, niños que reemplazan a los padres que se rompen el lomo en la calle laburando. 
La historia sigue, la madre llega del trabajo, se le ve extenuada, delgada, encorvada. La madre vuelve de la fábrica, no de la oficina, de la fábrica. Y su cansancio no solo es corporal, está ese cansancio que viene de la pérdida de todo. 
La nena le dice al león, ahora podés irte, acostada compartiendo un colchón en el suelo. Con agujeros en las paredes, con la pobreza que muerde.
Y la niña dice: "pero vuelve cuando te lo pida."  Y dando vuelta la hoja la foto de su padre con una frondosa melena, una sonrisa plena de felicidad, cuando había felicidad. Del otro lado de la doble página, como penúltima ilustración, se lee en un diario: Familias de desaparecidos en 1989



Y viene el golpe en el pecho. No es solo el abandono paterno, tema abordado en muchos libros de literatura infantil. Es el abandono forzado, abandono que puede ser por la violencia política, tan común en nuestra América Latina o por la violencia económica, una violencia que obliga a cientos de personas a migrar para conseguir trabajo, dejando atrás historias, familias, raíces.
¿Qué pasa con esos niños, niños y niñas que crecen sin padres ni madres? ¿Qué pasa con esa infancia que crece sin leones y leonas?

Este es un libro honesto, que trata el tema con dulzura y mano firme. Que no oculta que esa realidad existe y agota el tema hasta el final. Un libro que trata a los niños como seres inteligentes capaces de comprender (¡Ups!, cosa rara en la literatura infantil donde autores aún hoy le ponen Jira a la Jirafa o escriben princesas o monstruos, monstruos horribles sin ningún carácter).
Pero la historia no solo habla de la pobreza, de los desaparecidos, de la ausencia de un padre. Habla también de la fortaleza de una niña pequeña, habla de posibilidad de salir adelante, habla de la capacidad de resiliencia. 

Eso, en un rato este libro se transformó en imprescindible. Esta ahí guardadito para usarlo y reusarlo en cuanta oportunidad exista.


Este libro ganó el XI premio Orillas del viento y lo eligieron Anthony Browne, Satoshi Kitamura y el amigo Ricardo Chavez Castaneda. Menudo jurado.

Jairo Buitrago es escritor de libros álbum para niños, ilustrador e investigador de temas cinematográficos. En 2007 fue el ganador del 11º concurso de álbum ilustrado “A la Orilla del Viento” del Fondo de Cultura Económica de México. Sus libros han recibido diferentes reconocimientos, como la lista de honor IBBY, “Los mejores” del Banco del Libro; Eloísa y los bichos formó parte de la lista The White Ravens de la Internationale Jugendbibliothek, de Munich. Sus libros han sido traducidos al japonés, el portugués y el inglés. Es autor de El señor L.Fante (2006) y ha colaborado con el ilustrador Rafael Yockteng en los libros Emiliano (2007), Camino A Casa (2008) y Eloísa y los bichos (2009). Vive en Bogotá.
Fuente: Gretel

Rafael Yockteng es ilustrador en el campo de la literatura infantil. Ha ilustrado varios libros en Colombia y en el exterior, para editoriales como Groundwood Books (Canadá), Fondo de Cultura Económica (México), Norma, Santillana, Ediciones B, Casa Editorial El Tiempo, Babel Libros y Random House Mondadori. Desde el año 2007 Jairo y Rafael trabajan juntos creando libros álbum, fruto de esa colaboración han publicado los siguientes títulos: Emiliano, Babel, 2007; Camino a Casa, 2008; Eloísa y los bichos, Babel, 2009; El primer día, Alfaguara 2010; Jimmy el más grande, Lumen, 2010.
Fuente: Gretel

martes, 14 de mayo de 2013

Muestra Donde vive Sendak

En la literatura infantil todo comienza con la imagen de la infancia. De eso depende todo. Desde allí el escritor escribe, el editor edita, el ilustrador ilustra y el mediador media. “Esto no es para niños” significa: “esto no es lo que debería leer lo que yo creo que es un niño”.
Por eso Sendak revolucionó la LIJ, no solo por su reformulación del libro álbum moderno. Sendak nos muestra a los chicos no como queremos verlos, no como “pequeñas criaturitas de dios” sino como personas. Ambiguas, ambivalentes, con la misma capacidad para el bien que para el mal. Luchando por controlar sus impulsos. Max es un niño que hace travesuras, grita y amenaza. Pero que a la vuelta, como todo libro iniciático tiene una vuelta, es capaz de controlarse. También los monstruos son niños. El título en inglés es más claro al ser más ambiguo: Donde las cosas salvajes son. Creo que Spike Jonze lo captó a las mil maravillas en su película de 2009. (Se me vienen los niños perdidos de Peter Pan a la cabeza). Porque Max llega al lugar, aprende y vuelve, pero ellos quedan allí, atrapados en sí mismos, en ese lugar donde son salvajes. Y eso es lo que creo que captan los niños y los adultos que vuelven a ser niños, eso es lo que fascina. Donde viven los monstruos le habla a la parte posterior de nuestras cabezas, a nuestro cerebro primitivo, (¿el cerebelo?) y le dice: ¿te acordás de cuando éramos así? De cuando mordías, de cuando les sacabas las patas a las hormigas, de cuando odiabas y deseabas tener el poder de matar con la mirada (sin saber muy bien que era la muerte). De cuando eras malo, o mejor dicho salvaje (sin caer en eurocentrismos, ya sé).
Sólo un autor niño podía crear Donde viven los monstruos, y cuando uno ve las entrevistas a Sendak con su perro viejito siente eso, que está en presencia de alguien que ve la vida con la curiosidad de un niño, subversivamente. Esa mirada está presente en el resto de su maravilloso trabajo, tal vez opacado por su obra cúlmine.
Cuando elegimos el nombre del blog no tuvimos dudas de cuál tenía que ser, y hace un poquito más de un año, cuando nos enteramos de su muerte, nos invadió una profunda tristeza. Habíamos perdido a un amigo. El mundo era mejor sabiendo que Sendak andaba por ahí, haciendo travesuras. Por eso quisimos homenajearlo públicamente con esta muestra. Afortunadamente, la recepción de la convocatoria, entusiasta y profusa, nos demostró que no somos los únicos que amamos a Sendak. 
Seleccionaron la muestra:
Ilustradora y artista gráfica, vive en Rosario y dicta talleres.
Editora y especialista en LIJ, editora de LIJ en Edelvives, docente universitaria y artista del papel en Unicanuez.
Ilustradora, trabaja regularmente para editoriales de LIJ, vive en el Gran Buenos Aires.
-Y yo, Carola Martinez que administro este blog, coordiné el programa de lectura de GCBA. Soy especialista en LIJ y editora independiente.

De la muestra no hablaremos, es mejor que la miren ustedes.
http://homenajeasendak.blogspot.com.ar/