domingo, 6 de mayo de 2012

Taller de escritura con Liliana Bodoc.

Aclaración: los poemas que se insertan fueron recitados en el momento y de memoria por Liliana, los incluimos para dar una idea del tono que tuvo el taller y porque son bellísimos (sospecho que uno de los principales objetivos de Liliana era "vendernos" poesía a los freakis del fantasy que estabamos allí, y por lo menos con uno de nosotros lo logró)

Miércoles.

Liliana Bodoc es una de las autoras vivas que más admiro, y es de esas admiraciones terribles y hermosas. De esas destinadas a pocas personas en la vida.
La Saga de los Confines, es para mí una obra maestra, pero no es lo que más me gusta, su obra realista y más íntima “Amigos por el viento” o “Cuando San Pedro viajó en tren” son conmovedoras, tanto como inolvidables.
Liliana dictó hoy un taller sobre literatura fantástica en un centro cultural del Bajo Flores.
Ella se presentó, presentó el taller, la metodología y partió.

La primera frase que anoté fue:
Aprendí que ser original es una tremenda pavada, aprendí que la repetición es virtuosa.
Así, sin privarse de nada, sin egoísmos ni pelos en la lengua. No habló desde un pedestal. Habló desde su corazón, con una honestidad conmovedora. Lo que sigue no intenta ser una desgrabación, pero queremos compartir con la mayor cantidad posible de personas la maravilla que vivimos.
Comenzamos haciendo un ejercicio de memoria oral, escuchamos el siguiente poema dos veces y luego intentamos reconstruirlo entre todos. Debe haber sido útil el ejercicio porque a dos días lo recuerdo casi todo.

Su cuerpo era tan débil
Tan leve
Su sueño era tan frágil, tan risueño.
Que la muerte, desde un rincón lejano
No tuvo más que levantar la mano,
Y rozarle la frente con su sombra.
De Baldomero Fernández Moreno

Los géneros, tengo mucho respeto por los géneros, por más que parezcan o se diga en esta posmodernidad que la imaginación no debe tener trabas. El género es la condensación colectiva de las formas literarias que funcionan, que los hombres han probado como las más efectivas para hacer reír o llorar o emocionar.
Comenzó hablando del género épico. Habló del género épico como heroico, ejemplificador y sobre todo colectivo. El género épico interpela al lector, lo llama a tomar partido por los buenos contra los malos. Es un género guerrero (“militante” me atrevo a agregar). Desde el cantar del Mío Cid hasta El señor de los Anillos. No admite medias tintas. El narrador traza una línea absoluta entre el Bien y el Mal. Esto no quita que después haya grises, no implica que los personajes no duden, o sean tentados o tengan miedo. Pero Sauron es Sauron. Estamos en las antípodas de ciertos escritos de la posmodernidad donde todo es posible, o justificable o entendible (tipo El silencio de los inocentes) (Agrego, también de la escritura de “valores” tan extendida en la LIJ donde nada debe ser criticado). El relato épico implica tomar una postura ética, política e ideológica.
En el género épico el héroe es el héroe colectivo. No quiere decir que no haya un protagonista. El género épico es el género de un pueblo, de una epopeya, de una cultura. Y los pueblos recuerdan a través de los íconos, de los emergentes. (Como la masacre de once, fueron 51 muertos pero la gente se acuerda de Lucas). El héroe es héroe porque antepone lo general a lo individual, es un animal de batalla. Por eso el género épico no admite un lenguaje cotidiano, necesita un lenguaje particular, extra cotidiano. Por eso precisa de un lenguaje elevado. La épica va más allá de un viaje de iniciación.
Los jóvenes y los adultos de hoy están demandando relatos épicos, que le dicen "vos sos mucho más que vos mismo". Por eso creo que Harry Potter no es épica, no pasa de un mero enfrentamiento entre dos individuos, a pesar de que tengan aliados.
El héroe colectivo es lo contrario a Hollywood, en las películas de Hollywood el que llega y resuelve es el forastero. Todo está quieto hasta que llega el protagonista, que es el chico de la película y no el héroe. (Agrego, este concepto se acerca bastante al concepto católico de “el salvador”, tipo Matrix).
El género épico recluta para una causa, no tiene lectores, tiene soldados. Pero eso no es virtud del escritor, es virtud del género.


Entonces quién quiera escribir una épica debe preguntarse primero ¿Por qué cosas daría la vida? Y si la respuesta es por nada, se va a notar, el libro, la saga va a hacer ruido. Una participante dice que daría la vida por sus hijos. Y Liliana responde que el héroe épico es el que daría la vida por los hijos de los demás, pero no porque sea bueno o sacrificado sino porque es colectivo, se plantea que lo que le pasa al otro le va a pasar más tarde a él. Da la vida por los hijos de otro porque de lo contrario tarde o temprano matarán a sus hijos.

Género fantástico.
¿Por qué escribir género fantástico?
Porque uno cree un poco en la magia, que es la esencia de lo fantástico (hizo referencia al “Libro sobre monstruos y otros ensayos” de Tolkien)
La idea es que lo fantástico sea un atributo y no la esencia. Para que lo que se escribe sea creíble el escritor debe pensar mucho en la magia, en cómo funciona la magia en nuestra vida, qué cosas consideramos magia.
Hay una diferenciación entre la magia de lo imposible y la magia de lo improbable. Por ejemplo si un mago hace aparecer de la nada la Venus de milo es magia de lo imposible, si un mago, a partir de un bloque de roca logra visualizar exactamente dónde introducir pequeños cartuchos de dinamita de forma tal que al explotar aparezca la Venus de milo es magia de lo improbable.
Entonces, el escritor tiene muy claro en qué tipo de magia cree, de esta manera el mundo tendrá rigor y verosimilitud, por más fantástico que sea. De lo contrario, corre el riesgo hacerse trampas para resolver problemas de la trama, y el lector lo va a notar, “¿cómo este tipo que acaba de atravesar una pared sin hacerse ningún daño de repente se cae y se lastima?”
Entonces solo hay dos razones para escribir literatura fantástica, una es el amor por la magia. La otra es la necesidad de clandestinidad, de evadir la censura. Si bien en el pasado esto era necesario, hoy ya no es tan así. Quizás si los árabes tuvieran que defenderse tendrían que utilizar la épica fantástica. Un ejemplo es Kalpa imperial, de Angélica Gorodischer, escrito en la época de la dictadura.
Para escribir fantasía épica es necesario un referente, otra cultura, partido, sistema social, un algo que posibilite un orden. Aunque después uno lo mienta. Para escribir la Saga de los confines Liliana leyó e investigó mucho, uno de los libros con los que se encontró hablaba de la  pero la investigación histórica habla de una familia extendida con matrilocación entre los mapuches, eso no le servía, no movilizaba lo suficiente. Por ello utilizó la familia nuclear para escribir sobre Thungur y su familia. El referente se miente para decir la verdad.

Luego realizamos un ejercicio, tomando como referente al lenguaje, realizamos un fragmento de épica. Divididos en grupo por función de la palabra: sujeto, modificadores, verbos, adjetivos, etc.
Luego continuó con preguntas sobre distintas cosas. En principio sobre su escritura de La saga de los confines, pero siguió hablando de cuestiones más generales. Planteó por ejemplo, que si bien hay un cierto esquematismo que obedece al negocio editorial, la literatura es un acto comunicativo, el escritor tiene la obligación de lograr una comprensión por parte del lector, por ello el registro y el vocabulario deben adecuarse al lector para el cual está escribiendo.
También comentó la necesidad de elegir, de tomarse el tiempo para escribir, de tomarse la seriedad de escribir. Es una labor de amor, perseverancia y paciencia. Hay que elegir, y no siempre la elección es fácil.
Para terminar, contó/cantó un poema de Armando tejada Gómez. La épica tiene mucho que aprender de la poesía, puntualizó.

Vivir la vida dos veces.

Miren cómo sonaba allá en mi barrio agreste
este nombre caído en los mares lejanos:
Toddy Deussán. Un chico alimentado a lirios.
Una flor de su madre que soñaba otra vida.
Supe que no quería que jugara conmigo
porque yo era la forma del pánico y el hambre
y la más descarada miseria por el mundo.
Pero Toddy, esa gracia hecha de mimbre y aire,
vivía hipnotizado por mi gran aventura.
Cuando huía del ojo celoso de su madre
se acercaba a mi sombra con cierto desenfado,
me mostraba sonriendo sus ignotos tesoros
y me buscaba el lado más pájaro del alma.

El descubrió en mis ojos cierto país del sueño
donde se desnudaba un ángel con harapos,
algunos yacimientos de enterrada inocencia
y un gran rompecabezas de ternura en mis manos.

Un día, ya vencidos por nuestra resistencia,
los padres me dejaron entrar en el santuario,
nos sirvieron un río de leche y medialunas
y yo los deslumbré dibujando caballos.

Después, siguió la vida, como siempre sucede,
volvió el viento de agosto y crecieron los árboles;
sus padres, que tenían el sueño de otra vida,
una tarde ceniza se mudaron de barrio.

Yo olvidé al canillita en un cruce de esquinas,
entré al jornal violento del vino y los obrajes.
vestí los portentosos pantalones del viento
y descubrí mi oficio de fábula y guitarra.

Toddy, se llama Alfredo Deussán, vive en Mendoza,
casó con otro mimbre hace muchos veranos,
seguramente tiene un puñado de niños
y es una pajarera su comedor de diario.

Acaso, un año de éstos, cuando vuelva al oeste,
llame a su puerta clara y despierte sus pájaros,
sólo porque un amigo es la vida dos veces
y desde aquella tarde no dibujo caballos.

Viernes.
En este encuentro se vieron las relaciones entre la épica, la oralidad, la poesía y lo popular.
Liliana se declaró deudora de la poesía, eterna maestra de la literatura y finalmente maestra de todo.
Hay que aprender de lo que la poesía dice, pero mucho más de lo que la poesía calla. La poesía es un gran silencio rodeado de las palabras precisas.

Federico García Lorca
Muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.

¡Cómo temblaba el farol!
Madre.
¡Cómo temblaba el farolito
de la calle!

Era madrugada. Nadie
pudo asomarse a sus ojos
abiertos al duro aire.

Que muerto se quedó en la calle
que con un puñal en el pecho
y que no lo conocía nadie.

En una épica parece que lo tenemos que decir todo, que tenemos que escribir una saga de 7 tomos con absolutamente todo. Y se cae en la exuberancia, en el exceso y en la charlatanería. Leo Batic recomienda El nombre del viento de Patrick Rothfuss que tiene como 1200 páginas pero que es fabuloso. Lo que no significa que el narrador no tenga que saberlo todo, pero no tiene que contarlo todo. Debe dejar espacio para el lector, debe dejar un silencio donde el lector se pueda encontrar.
Sobre todo en estas sociedades ruidosas y en las ciudades donde predomina el ruido hay que valorar y ejercitar el silencio.
En el lenguaje lírico lo importante se connota, lo que se dice no es evidente, hay que atravesar muchos sentidos.
Lo denotado es el qué y lo connotado es el cómo. ¿Es factible para una novela? Si, aunque hay que tener cuidado de que la lírica no empaste la narrativa. Hay que escribir el qué, pero si me olvido del cómo, me olvido de que estoy haciendo literatura. La lírica se monta en la literatura como un aleteo.


El Bienaventurado - Armando Tejada Gómez
Aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
agonizó sus años
corriendo a tres empleos.
Un día, simplemente,
su simple corazón
le estalló en una esquina
y despertó en el cielo.
Dios, bonachón y antiguo,
le dio la bienvenida,
palmeándolo y diciendo:
¿Qué cuenta de la vida?
Y aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
se quedó boquiabierto
y preguntó: qué vida?

Y que esto no es lo mismo que decir que decir que el vecino de la vuelta se murió de un infarto.

También hay que tener cuidado con olvidarse de la lírica mientras estoy escribiendo y de repente acordarse y saltar con un fragmento forzado, un arrebato lírico. El escritor tiene que tener siempre la conciencia de que está haciendo literatura. Aporta Leo, uno puede hacerlo en ese primer vómito de escritura, pero después hay que corregir. La literatura, especialmente la poesía es el silencio rodeado de las palabras precisas.
También no caer en un error común que es el contar el qué, cuando lo que importa es el cómo, siempre como escritor tengo que contar cómo pasa y por qué pasa.
Esto es mucho más importante a la hora de escribir épica, la épica exige un lenguaje extra cotidiano un lenguaje sagrado. Todas las culturas tienen un altar, un núcleo apretado y simbólico. Aunque la LIJ ha tenido una enorme apertura en los últimos años, y habla de cada vez más cosas, siempre queda el tabú de incesto. Y esto también corre para la literatura épica. La literatura popular, y la épica también, tienen como coincidencia la voluntad de  enseñar, de hacer un magisterio, están pensadas para sostener una determinada visión de mundo. Por eso hay algo que le dice, “hasta acá llegaste”. Es una decisión del escritor si escribe para vulnerar los tabúes de la sociedad.
Hay muchas coincidencias entre la literatura popular y la épica, en sus orígenes, la métrica y el canto del juglar. La esencia de la épica está en la oralidad, signada por la repetición (no la originalidad), en la oralidad el trasmisor sólo modifica para mejorar la transmisión. El artista popular sabe que tiene una deuda para atrás y para adelante, y con su alrededor, con la comunidad que le presta sus símbolos. 
Las palabras no se pueden usar gratuitamente, las palabras cuestan, las palabras generan realidad, por eso hay que usar la palabra con un sentido amoroso. Ninguna palabra es neutral.
La épica no adorna la realidad,  cómo está escrita para lograr una cohesión social, lo que quiere es transformar la realidad. Por eso repite, se repiten los tópicos del género y siempre hay un protagonista, que siempre tiene un antagonista, que siempre comienzan un viaje de aprendizaje (y miles y miles de huérfanos son arrancados de tristes existencias cotidianas para vivir aventuras). La épica repite porque repitiendo se enseña, allí están las repeticiones, los sortilegios, la numerología.
Otra coincidencia es la necesidad de la honradez del narrador épico, el narrador popular da la cara, es el portavoz, hay que creerle, tiene algo de actor. Mientras que la oralidad reúne, la lectura aísla.
El narrador épico debe dar cuenta de la verdad, ¿pero cuál es la verdad que importa? La verdad del paradigma fantástico. En la LIJ por ejemplo, estamos llenos de paradigmas, de personajes maravillosos. Son arquetipos que están marcados a fuego en el fondo de la conciencia.
Por eso hay que abrazar al género.
También el teatro en su carácter de oral y efímero se cruza con lo popular y lo épico. La cultura popular se sabe efímera, se sabe temporal. El narrador pone el cuerpo, como un actor. El dramaturgo, además, debe saber dejar el silencio para que el actor lo llene, un silencio para la entonación, para el espectador.
El silencio es fundamental, hay que callarse el 80 % de lo que está adentro. No hay que dejarse arrastrar por la pura emoción (como en el futbol, la cabeza fría y el corazón caliente). El narrador no es nosotros.
Incluso hay que dejar lugar para el humor, para descomprimir, para un anticlímax. A veces ni siquiera es una situación graciosa sino simplemente cotidiana (Guiso de conejo y hierbas aromáticas). Con cuidado de no caer en el cliché del personaje gracioso tipo Hollywood.

En la saga de Los confines, en la génesis, estuvo la decisión de ser esclava de una geografía, de bajar el antropocentrismo de la épica.

Ejercicio a partir de dos textos, para nada inocentes se realizó un fragmento de épica que contuviera un conflicto y dos personajes. Prestar atención a los diálogos, el momento más difícil de mantener la coherencia de los personajes.

Leo Batic, invitado para charlar de su saga dio algunos datos para editar, además de agradecer a Liliana su ayuda con el libro.

El encuentro fue increíble, el clima de mucha cooperación y respeto.
Liliana no se preocupa de esas cosas, pero yo siento cuando estoy con ella que estoy frente a alguien de quien los nietos también hablarán y uno podrá decir: Sí, yo una vez estuve en un taller que ella dio...


2 comentarios:

  1. ¿Ésto fue en la feria del libro? Nunca me enteré. Falta mucha información al respecto de todo lo que pasa en ese lugar.

    Saludos

    J.

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  2. Felicitaciones por el blog! Especialmente esta entrada sobre el taller de Liliana Bodoc, de quien soy gran admirador. ¡Cómo me hubiera gustado participar de ese taller! Les mando un saludo.
    Gabriel

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