viernes, 24 de agosto de 2012

La metaficción en el libro Álbum parte 3



Un cuento llenos de lobos. Roberto Aliaga y Roger Olmos.
La tapa se dirige al lector como invitándolo a entrar en la casa "boca" del lobo, con un pequeño lobito como esperando. La guarda y la contraguarda cuentan una pequeñita historia. La portada ya interpela al lector proponiendo un juego de encontrar las siete diferencias entre la primera y la ultima pagina, es decir adelanta la situación (R.O. el ilustrador). También se nos adelanta el argumento en la dedicatoria (R. A.).

En la primer página el texto se reconoce como un cuento, "un cuento lleno de lobos…". En la página 6 el texto, dice, precisamente, "En la página 6..." situándose en la página y los lobos van a buscar comida por todo el cuento, escapándose de los márgenes. El lobo tragón intenta comerse las letras del texto, finalmente se come la palabra inocente (jugando con el sentido, era una palabra inocente y es la palabra "inocente") pero la escupe. En la página 12 la mosca es la que pinta los JA que representan las cosquillas que provoca. En la página 24 dice "en la página 25" y cuenta lo que pasa en la página 25. Lobo Ojitos y los demás lobos miran hacia afuera del libro.
La doble página siguiente da un vuelco en el relato, el lobo tragón sale literalmente del cuento (no cambia el estilo de ilustración) rompiendo la página anterior que aparece fragmentariamente en perspectiva oblicua. La doble página siguiente nos muestra la niña que leía el cuento, con el libro entre las manos, con el lobo tragón en su cabeza y las manos de Lobo Zarpas en sus mejillas, continuando con el juego, la niña mira hacia el lector con cara de sorpresa e incertidumbre. Los lobos introducen a la niña en el libro. Finalmente en la anteúltima pagina, conmovidos por el llanto de la niña los lobos encuentran una manera de salir de la situación. Comiéndose el 3 del 31 transforman la página 31 en la pagina 1 (la tapa pero con los lobos y la niña) y por lo tanto el cuento vuelve a comenzar en un loop infinito.



Las páginas funcionan como indicadores de lugar más que de orden y su número es una forma de situarse en el libro. Otro recurso es el de la literalidad, como cuando los lobos se cosen literalmente la boca. La metaficción está presente en todo el libro, que siempre es considerado un objeto, a la vez que un lugar donde se puede ir y venir.

Los tres cerditos. David Wiesner.

El libro de David Wiesner, Los Tres Cerditos transgrede todas las convenciones del género desde un punto de vista absolutamente lúdico.
El cuento comienza de la forma tradicional, pero una sorpresa nos aguarda ya en las primeras páginas. El lobo llega a la casa de paja y la derriba de un soplido, con tanta fuerza que el cerdito sale volando de la hoja. A partir de allí, el cuento se disocia y continúa en tres planos. Mientras el texto sigue en  forma tradicional, la ilustración plana nos muestra al lobo buscando desconcertado y la ilustración tridimensional al cerdito “salir” de la página. El lobo va a la casa del segundo cerdito, pero el primero lo invita a escaparse, juntos van a buscar al tercero y se escapan fuera de las hojas. 
Allí, construyen un avión de papel con una página y salen volando. Aquí se genera un espacio por fuera del libro, simbolizado por el color blanco, por donde pasan las hojas de todos los libros, como calles o vías de ferrocarril. A través de este espacio, entran a otro libro del mismo autor, La Princesa Dragón. Rescatan al dragón antes de que el caballero llegue a matarlo y luego de encontrarse con el gato violinista deciden volver. ¡Menuda sorpresa se llevará el lobo cuando el dragón le abra la puerta! Para terminar, qué otra cosa podrían comer los personajes más que sopa de letras.






  El libro presenta muchos recursos de ruptura de la “normalidad”, de lo conocido: el escape de las páginas, el entrecruzamiento de sentidos entre el texto, la ilustración plana y el escape tridimensional de los cerditos. Al autor le queda espacio para que un cerdito mire hacia el lector, rompiendo el “pacto de incredulidad” y para una doble página donde los cerditos entran en el, considerado por muchos, primer libro álbum ¡Hey Diddle Diddle! de Randolph Caldecott. Por supuesto que las letras para la sopa de letras salen del propio texto, dejando el final inconcluso.


            En este libro la metaficción está presente en forma transversal, los cerditos se escapan al espacio de entre páginas.






Mal día en río seco. Chris Van Allburg
La tapa nos muestra una condensación del argumento, en primer plano el sheriff asustado, detrás, los trazos de crayón. La contratapa del autor con una niña y la dedicatoria que nos permite inferir que la niña es la hija del autor, nos van a permitir adivinar luego la identidad de la niña que aparece en el relato.
El comienzo del libro se destaca, para quien conozca al autor, por la "mala calidad" de las ilustración, lineales y en blanco y negro. El texto es el encargado de llevar adelante la trama. Ya en las siguientes páginas aparece el problema. Se produce una dicotomía entre el texto, donde el alguacil está preocupado porque "los caballos estaban cubiertos con gruesas tiras de una especie de lodo brillante y grasoso" y el dibujo, donde se ve claramente que están pintados con crayón en forma rudimentaria (sin respetar los bordes). A partir de allí el suspenso se acentúa. Los personajes sufren el ataque de los trazos. Una luz repentina los paraliza y al finalizar aparecen pintados. Van en busca de la  claridad y encuentran un hombre dibujado por un niño. El suspenso se resuelve abruptamente al cerrarse el libro y verse un niño o niña desde arriba que estaba dibujando el libro. Esta ilustración posee el inconfundible estilo de Chris Van Allburg. El lector termina de comprender que los protagonistas eran en realidad personajes de un libro de pintar para niños, dejándonos una reflexión, qué pasará en nuestros libros cuando los cerramos. Ecos de este libro aparecen entonces en Toy Story.



El autor apela a la metaficción hacia afuera, hacia arriba. El libro es un libro que está pintando la niña dentro del libro que estamos leyendo. A partir de allí se genera el efecto sorpresa, ya que sólo al final entendemos que lo que veíamos era otro libro. El texto es el conductor de la historia, mostrándonos un pueblo donde nunca pasa nada y describiendo cómo los trazos van cambiando la historia del pueblo.

Conclusión.
Nuestro objetivo era analizar la enorme gama de posibilidades narrativas y juegos de sentido que puede generar el recurso de la metaficción. Así, sólo resta esperar nuevas obras que nos sorprendan y nos cautiven como las presentes en este artículo. 




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