Aclaración: los poemas que se insertan fueron recitados en el momento y de memoria por Liliana, los incluimos para dar una idea del tono que tuvo el taller y porque son bellísimos (sospecho que uno de los principales objetivos de Liliana era "vendernos" poesía a los freakis del fantasy que estabamos allí, y por lo menos con uno de nosotros lo logró)
Miércoles.
Liliana
Bodoc es una de las autoras vivas que más admiro, y es de esas admiraciones
terribles y hermosas. De esas destinadas a pocas personas en la vida.
La Saga
de los Confines, es para mí una obra maestra, pero no es lo que más me gusta,
su obra realista y más íntima “Amigos por el viento” o “Cuando San Pedro viajó
en tren” son conmovedoras, tanto como inolvidables.
Liliana
dictó hoy un taller sobre literatura fantástica en un centro cultural del Bajo
Flores.
Ella se
presentó, presentó el taller, la metodología y partió.
La
primera frase que anoté fue:
Aprendí
que ser original es una tremenda pavada, aprendí que la repetición es virtuosa.
Así, sin
privarse de nada, sin egoísmos ni pelos en la lengua. No habló desde un
pedestal. Habló desde su corazón, con una honestidad conmovedora. Lo que sigue
no intenta ser una desgrabación, pero queremos compartir con la mayor cantidad
posible de personas la maravilla que vivimos.
Comenzamos
haciendo un ejercicio de memoria oral, escuchamos el siguiente poema dos veces
y luego intentamos reconstruirlo entre todos. Debe haber sido útil el ejercicio
porque a dos días lo recuerdo casi todo.
Su cuerpo era tan
débil
Tan leve
Su sueño era tan
frágil, tan risueño.
Que la muerte, desde
un rincón lejano
No tuvo más que
levantar la mano,
Y rozarle la frente
con su sombra.
De Baldomero Fernández Moreno
Los géneros, tengo mucho respeto
por los géneros, por más que parezcan o se diga en esta posmodernidad que la
imaginación no debe tener trabas. El género es la condensación colectiva de las
formas literarias que funcionan, que los hombres han probado como las más
efectivas para hacer reír o llorar o emocionar.
Comenzó
hablando del género épico. Habló del género épico como heroico, ejemplificador
y sobre todo colectivo. El género épico interpela al lector, lo llama a tomar
partido por los buenos contra los malos. Es un género guerrero (“militante” me
atrevo a agregar). Desde el cantar del Mío Cid hasta El señor de los Anillos.
No admite medias tintas. El narrador traza una línea absoluta entre el Bien y
el Mal. Esto no quita que después haya grises, no implica que los personajes no
duden, o sean tentados o tengan miedo. Pero Sauron es Sauron. Estamos en las
antípodas de ciertos escritos de la posmodernidad donde todo es posible, o
justificable o entendible (tipo El silencio de los inocentes) (Agrego, también
de la escritura de “valores” tan extendida en la LIJ donde nada debe ser
criticado). El relato épico implica tomar una postura ética, política e ideológica.
En el
género épico el héroe es el héroe colectivo. No quiere decir que no haya un
protagonista. El género épico es el género de un pueblo, de una epopeya, de una
cultura. Y los pueblos recuerdan a través de los íconos, de los emergentes. (Como
la masacre de once, fueron 51 muertos pero la gente se acuerda de Lucas). El
héroe es héroe porque antepone lo general a lo individual, es un animal de
batalla. Por eso el género épico no admite un lenguaje cotidiano, necesita un
lenguaje particular, extra cotidiano. Por eso precisa de un lenguaje elevado.
La épica va más allá de un viaje de iniciación.
Los
jóvenes y los adultos de hoy están demandando relatos épicos, que le dicen "vos
sos mucho más que vos mismo". Por eso creo que Harry Potter no es épica, no pasa
de un mero enfrentamiento entre dos individuos, a pesar de que tengan aliados.
El héroe
colectivo es lo contrario a Hollywood, en las películas de Hollywood el que
llega y resuelve es el forastero. Todo está quieto hasta que llega el
protagonista, que es el chico de la película y no el héroe. (Agrego, este
concepto se acerca bastante al concepto católico de “el salvador”, tipo
Matrix).
El género
épico recluta para una causa, no tiene lectores, tiene soldados. Pero eso no es
virtud del escritor, es virtud del género.
Entonces
quién quiera escribir una épica debe preguntarse primero ¿Por qué cosas daría
la vida? Y si la respuesta es por nada, se va a notar, el libro, la saga va a
hacer ruido. Una participante dice que daría la vida por sus hijos. Y Liliana
responde que el héroe épico es el que daría la vida por los hijos de los demás,
pero no porque sea bueno o sacrificado sino porque es colectivo, se plantea que
lo que le pasa al otro le va a pasar más tarde a él. Da la vida por los hijos
de otro porque de lo contrario tarde o temprano matarán a sus hijos.
Género
fantástico.
¿Por qué
escribir género fantástico?
Porque
uno cree un poco en la magia, que es la esencia de lo fantástico (hizo
referencia al “Libro sobre monstruos y
otros ensayos” de Tolkien)
La idea
es que lo fantástico sea un atributo y no la esencia. Para que lo que se
escribe sea creíble el escritor debe pensar mucho en la magia, en cómo funciona
la magia en nuestra vida, qué cosas consideramos magia.
Hay una
diferenciación entre la magia de lo imposible y la magia de lo improbable. Por
ejemplo si un mago hace aparecer de la nada la Venus de milo es magia de lo
imposible, si un mago, a partir de un bloque de roca logra visualizar exactamente
dónde introducir pequeños cartuchos de dinamita de forma tal que al explotar
aparezca la Venus de milo es magia de lo improbable.
Entonces,
el escritor tiene muy claro en qué tipo de magia cree, de esta manera el mundo tendrá rigor y
verosimilitud, por más fantástico que sea. De lo contrario, corre el riesgo
hacerse trampas para resolver problemas de la trama, y el lector lo va a notar,
“¿cómo este tipo que acaba de atravesar una pared sin hacerse ningún daño de
repente se cae y se lastima?”
Entonces
solo hay dos razones para escribir literatura fantástica, una es el amor por la
magia. La otra es la necesidad de clandestinidad, de evadir la censura. Si bien
en el pasado esto era necesario, hoy ya no es tan así. Quizás si los árabes
tuvieran que defenderse tendrían que utilizar la épica fantástica. Un ejemplo
es Kalpa imperial, de Angélica Gorodischer, escrito en la época de la
dictadura.
Para
escribir fantasía épica es necesario un referente, otra cultura, partido,
sistema social, un algo que posibilite un orden. Aunque después uno lo mienta. Para
escribir la Saga de los confines
Liliana leyó e investigó mucho, uno de los libros con los que se encontró
hablaba de la pero la investigación
histórica habla de una familia extendida con matrilocación entre los mapuches,
eso no le servía, no movilizaba lo suficiente. Por ello utilizó la familia
nuclear para escribir sobre Thungur y su familia. El referente se miente para
decir la verdad.
Luego
realizamos un ejercicio, tomando como referente al lenguaje, realizamos un
fragmento de épica. Divididos en grupo por función de la palabra: sujeto,
modificadores, verbos, adjetivos, etc.
Luego
continuó con preguntas sobre distintas cosas. En principio sobre su escritura
de La saga de los confines, pero siguió hablando de cuestiones más generales.
Planteó por ejemplo, que si bien hay un cierto esquematismo que obedece al
negocio editorial, la literatura es un acto comunicativo, el escritor tiene la obligación de lograr una
comprensión por parte del lector, por ello el registro y el vocabulario deben
adecuarse al lector para el cual está escribiendo.
También
comentó la necesidad de elegir, de tomarse el tiempo para escribir, de tomarse
la seriedad de escribir. Es una labor de amor, perseverancia y paciencia. Hay
que elegir, y no siempre la elección es fácil.
Para
terminar, contó/cantó un poema de Armando tejada Gómez. La épica tiene mucho
que aprender de la poesía, puntualizó.
Vivir la
vida dos veces.
Miren cómo sonaba allá en mi
barrio agreste
este nombre caído en los mares
lejanos:
Toddy Deussán. Un chico alimentado
a lirios.
Una flor de su madre que soñaba
otra vida.
Supe que no quería que jugara
conmigo
porque yo era la forma del pánico
y el hambre
y la más descarada miseria por el
mundo.
Pero Toddy, esa gracia hecha de
mimbre y aire,
vivía hipnotizado por mi gran
aventura.
Cuando huía del ojo celoso de su
madre
se acercaba a mi sombra con cierto
desenfado,
me mostraba sonriendo sus ignotos
tesoros
y me buscaba el lado más pájaro
del alma.
El descubrió en mis ojos cierto
país del sueño
donde se desnudaba un ángel con
harapos,
algunos yacimientos de enterrada
inocencia
y un gran rompecabezas de ternura
en mis manos.
Un día, ya vencidos por nuestra
resistencia,
los padres me dejaron entrar en el
santuario,
nos sirvieron un río de leche y medialunas
y yo los deslumbré dibujando
caballos.
Después, siguió la vida, como
siempre sucede,
volvió el viento de agosto y
crecieron los árboles;
sus padres, que tenían el sueño de
otra vida,
una tarde ceniza se mudaron de
barrio.
Yo olvidé al canillita en un cruce
de esquinas,
entré al jornal violento del vino
y los obrajes.
vestí los portentosos pantalones
del viento
y descubrí mi oficio de fábula y
guitarra.
Toddy, se llama Alfredo Deussán,
vive en Mendoza,
casó con otro mimbre hace muchos
veranos,
seguramente tiene un puñado de
niños
y es una pajarera su comedor de
diario.
Acaso, un año de éstos, cuando
vuelva al oeste,
llame a su puerta clara y
despierte sus pájaros,
sólo porque un amigo es la vida
dos veces
y desde aquella tarde no dibujo
caballos.
Viernes.
En este
encuentro se vieron las relaciones entre la épica, la oralidad, la poesía y lo
popular.
Liliana
se declaró deudora de la poesía, eterna maestra de la literatura y finalmente
maestra de todo.
Hay que
aprender de lo que la poesía dice, pero mucho más de lo que la poesía calla. La
poesía es un gran silencio rodeado de las palabras precisas.
Federico
García Lorca
Muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.
¡Cómo temblaba el farol!
Madre.
¡Cómo temblaba el farolito
de la calle!
Era madrugada. Nadie
pudo asomarse a sus ojos
abiertos al duro aire.
Que muerto se quedó en la calle
que con un puñal en el pecho
y que no lo conocía nadie.
En una
épica parece que lo tenemos que decir todo, que tenemos que escribir una saga
de 7 tomos con absolutamente todo. Y se cae en la exuberancia, en el exceso y
en la charlatanería. Leo Batic recomienda El
nombre del viento de Patrick Rothfuss que tiene como 1200 páginas pero que
es fabuloso. Lo que no significa que el narrador no tenga que saberlo todo,
pero no tiene que contarlo todo. Debe dejar espacio para el lector, debe dejar
un silencio donde el lector se pueda encontrar.
Sobre
todo en estas sociedades ruidosas y en las ciudades donde predomina el ruido
hay que valorar y ejercitar el silencio.
En el
lenguaje lírico lo importante se connota, lo que se dice no es evidente, hay
que atravesar muchos sentidos.
Lo
denotado es el qué y lo connotado es el cómo. ¿Es factible para una novela? Si,
aunque hay que tener cuidado de que la lírica no empaste la narrativa. Hay que
escribir el qué, pero si me olvido del cómo, me olvido de que estoy haciendo
literatura. La lírica se monta en la literatura como un aleteo.
El
Bienaventurado - Armando Tejada Gómez
Aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
agonizó sus años
corriendo a tres empleos.
Un día, simplemente,
su simple corazón
le estalló en una esquina
y despertó en el cielo.
Dios, bonachón y antiguo,
le dio la bienvenida,
palmeándolo y diciendo:
¿Qué cuenta de la vida?
Y aquel hombre de enfrente,
simple de corazón,
se quedó boquiabierto
y preguntó: qué vida?
Y que
esto no es lo mismo que decir que decir que el vecino de la vuelta se murió de
un infarto.
También
hay que tener cuidado con olvidarse de la lírica mientras estoy escribiendo y
de repente acordarse y saltar con un fragmento forzado, un arrebato lírico. El
escritor tiene que tener siempre la conciencia de que está haciendo literatura.
Aporta Leo, uno puede hacerlo en ese primer vómito de escritura, pero después
hay que corregir. La literatura, especialmente la poesía es el silencio rodeado
de las palabras precisas.
También
no caer en un error común que es el contar el qué, cuando lo que importa es el
cómo, siempre como escritor tengo que contar cómo pasa y por qué pasa.
Esto es
mucho más importante a la hora de escribir épica, la épica exige un lenguaje extra
cotidiano un lenguaje sagrado. Todas las culturas tienen un altar, un núcleo
apretado y simbólico. Aunque la LIJ ha tenido una enorme apertura en los
últimos años, y habla de cada vez más cosas, siempre queda el tabú de incesto.
Y esto también corre para la literatura épica. La literatura popular, y la
épica también, tienen como coincidencia la voluntad de enseñar, de hacer un magisterio, están
pensadas para sostener una determinada visión de mundo. Por eso hay algo que le
dice, “hasta acá llegaste”. Es una decisión del escritor si escribe para
vulnerar los tabúes de la sociedad.
Hay
muchas coincidencias entre la literatura popular y la épica, en sus orígenes,
la métrica y el canto del juglar. La esencia de la épica está en la oralidad,
signada por la repetición (no la originalidad), en la oralidad el trasmisor
sólo modifica para mejorar la transmisión. El artista popular sabe que tiene
una deuda para atrás y para adelante, y con su alrededor, con la comunidad que
le presta sus símbolos.
Las
palabras no se pueden usar gratuitamente, las palabras cuestan, las palabras
generan realidad, por eso hay que usar la palabra con un sentido amoroso.
Ninguna palabra es neutral.
La épica
no adorna la realidad, cómo está escrita
para lograr una cohesión social, lo que quiere es transformar la realidad. Por
eso repite, se repiten los tópicos del género y siempre hay un protagonista,
que siempre tiene un antagonista, que siempre comienzan un viaje de aprendizaje
(y miles y miles de huérfanos son arrancados de tristes existencias cotidianas
para vivir aventuras). La épica repite porque repitiendo se enseña, allí están
las repeticiones, los sortilegios, la numerología.
Otra
coincidencia es la necesidad de la honradez del narrador épico, el narrador
popular da la cara, es el portavoz, hay que creerle, tiene algo de actor.
Mientras que la oralidad reúne, la lectura aísla.
El
narrador épico debe dar cuenta de la verdad, ¿pero cuál es la verdad que
importa? La verdad del paradigma fantástico. En la LIJ por ejemplo, estamos llenos
de paradigmas, de personajes maravillosos. Son arquetipos que están marcados a
fuego en el fondo de la conciencia.
Por eso
hay que abrazar al género.
También el
teatro en su carácter de oral y efímero se cruza con lo popular y lo épico. La
cultura popular se sabe efímera, se sabe temporal. El narrador pone el cuerpo,
como un actor. El dramaturgo, además, debe saber dejar el silencio para que el
actor lo llene, un silencio para la entonación, para el espectador.
El
silencio es fundamental, hay que callarse el 80 % de lo que está adentro. No
hay que dejarse arrastrar por la pura emoción (como en el futbol, la cabeza
fría y el corazón caliente). El narrador no es nosotros.
Incluso
hay que dejar lugar para el humor, para descomprimir, para un anticlímax. A
veces ni siquiera es una situación graciosa sino simplemente cotidiana (Guiso
de conejo y hierbas aromáticas). Con cuidado de no caer en el cliché del
personaje gracioso tipo Hollywood.
En la
saga de Los confines, en la génesis, estuvo la decisión de ser esclava de una
geografía, de bajar el antropocentrismo de la épica.
Ejercicio
a partir de dos textos, para nada inocentes se realizó un fragmento de épica
que contuviera un conflicto y dos personajes. Prestar atención a los diálogos,
el momento más difícil de mantener la coherencia de los personajes.
Leo Batic, invitado para charlar de su saga dio algunos datos para editar, además de agradecer a Liliana su ayuda con el libro.
El encuentro fue increíble, el clima de mucha cooperación y respeto.
Liliana no se preocupa de esas cosas, pero yo siento cuando estoy con ella que estoy frente a alguien de quien los nietos también hablarán y uno podrá decir: Sí, yo una vez estuve en un taller que ella dio...