El 27 de junio de 2016 un tribunal civil norteamericano encontró culpable a Pedro Barrientos por el asesinato de Víctor Jara y continúa investigando a otros siete ex oficiales del ejército chileno. Netflix realizó un documental llamado Masacre en el estadio con una investigación del caso (acá el trailer).
Víctor Jara fue asesinado en el Estadio Chile y se estableció en esta investigación que su asesinato fue durante el traslado de los detenidos al estadio Nacional, el 16 de septiembre de 1973.
El cuerpo de Víctor fue destrozado, sus manos machacadas con un objeto contundente y acribillado a balazos. Cuarenta y cuatro impactos de bala.
2 balas en la cabeza.
16 balas en el pecho.
2 balas en el brazo derecho.
6 balas en el abdomen.
18 balas en las piernas.
44 tiros a un hombre, 44 tiros a un cantor.




Su cuerpo fue arrojado en un descampado cerca del Cementerio Metropolitano de Santiago y unas pobladoras lo encontraron el 18 de septiembre, junto a otros dos cuerpos. Fue trasladado como N.N. a la morgue y su destino era la desaparición. Sin embargo, un joven funcionario lo reconoció y poniendo en juego su vida, avisó a Joan, su esposa, que esperaba que hubiese podido escapar de la Universidad Técnica. Su familia en secreto lo enterró antes de partir al exilio.





Su cuerpo yació en esta pequeña tumba convertida por años en lugar de peregrinación y vigilia, hasta que treinta y seis años después recibió un merecido homenaje en un funeral público en el año 2009.

¿Pero por qué tanta saña? ¿Por qué un artista, un cantor, un actor se vuelve en uno de los blancos fundamentales del régimen de Pinochet?
Es indudable que los primeros días del golpe militar fueron extremadamente duros. La Moneda humeando. Los militares vencedores sedientos de venganza. Dicen los testigos que durante un tiempo no se dieron cuenta quien era entre tantos detenidos. Pero cuando lo reconocieron, el trato fue brutal.
En el documental de Netflix se dice que una canción de Víctor era tan peligrosa como 1000 metralletas y lo creo a pie juntillas.

El hombre es un creador
Igualito que otros tantos
de niño aprendí a sudar,
no conocí las escuelas
ni supe lo que es jugar.
Me sacaban de la cama
por la mañana temprano
y al laíto 'e mi papá
fui creciendo en el trabajo.
Con mi pura habilidad
me las di de carpintero
de estucador y albañil
de gásfiter y tornero,
puchas que sería güeño
haber tenío instrucción
porque de todo elemento
el hombre es un creador.
Yo le levanto una casa
o le construyo un camino
le pongo sabor al vino
le saco humito a la fábrica.
Voy al fondo de la tierra
y conquisto las alturas,
camino por las estrellas
y hago surco a la espesura.
Aprendí el vocabulario
del amo, dueño y patrón,
me mataron tantas veces
por levantarles la voz,
pero del suelo me paro,
porque me prestan las manos,
porque ahora no estoy solo,
porque ahora somos tantos.


Víctor Jara era y es parte indisoluble del pueblo chileno, en cada una de sus canciones denunciaba la brutal diferencia de clases y cada una de las injusticias que veía a su alrededor. Era un exponente de la clase obrera, un campesino que cantaba la música que el "moderno" Chile quería enterrar. Un militante en un Chile donde la militancia es mala palabra. Un militante de izquierda, comprometido con la causa. Y lo pagó muy caro.


Víctor había nacido en 1932 en San Ignacio, Ñuble. Fue profesor, cantautor, director de teatro y actor, un actor increíble según sus compañeros. Un artista campesino que investigó por décadas la música chilena. Seguidor de Violeta Parra y uno de los artistas más emblemáticos de la "Nueva Canción Chilena". A lo largo de su vida, Jara se destacó como militante comunista y luego como funcionario del gobierno de Allende.
Luego de su asesinato fue censurado por años y años, tener un cassete con su música era razón para ir detenido, lo mismo cantar sus canciones con la guitarra. Sin embargo, sonaban en cada lugar donde el pueblo se reuniera. Su figura creció y fue abrazada por cientos como la bandera de una generación que se propuso dar la vida por cambiar el mundo.



Les dejo tres libros sobre su figura.



Víctor Jara, un canto inconcluso.

Joan Jara.

Editorial LOM

ISBN: 9789562829403

Santiago, Chile.

 





En el año 1983 Joan publicó una biografía de Víctor Jara que fue traducida en 1998 y editada por Ediciones B. Actualmente circula una edición de LOM y en España una de Punto de Lectura.
La biografía de Joan es hermosa y desgarradora. Una foto de la época y del propio Víctor.
Con todo el amor de quien vive su ausencia desde hace más de 40 años; su esposa cuenta de su vida, la de su familia, de cómo lo conoció, cómo se enamoraron. Y cómo fue a reconocerlo en la morgue.
Joan dice en un documental que ella relató en el libro los detalles de su muerte y nunca más volvió a contarlo, porque ella quiere contar la vida de Víctor Jara, no su muerte.
Una obra que nadie que lo admire debe dejar de leer.


"Yo no podía saber que a la tumba de Víctor nunca le faltarían flores, que personas desconocidas recurrirían a cualquier medio para trepar, atar latas y potes con trozos de alambre o de cuerda para dejar sus ofrendas, aun corriendo el riesgo de ser arrestadas".





Víctor

Elena Roco

Francisca Robles.

Quilombo Ediciones.

ISBN: 978-956-8836-23-8

Santiago, Chile.

 






Un libro en el que Elena Roco le habla a Víctor y la marca que dejó en su pueblo.
En catorce dobles la autora da cuenta de su obra, su vida campesina y su muerte.
Un texto breve y profundo, lleno de significados.

“Cuando parecía que no quedaba nada
Cantamos para no morir también”

Las ilustraciones en tela y retazos de Francisca Robles dan cuenta con un realismo apabullante del texto.
Un libro extraordinario que capta con maestría las sensaciones que despierta la vida y muerte de Víctor: la valentía, la lucha, el final trágico y el desafío de seguir luchando, de seguir viviendo a pesar de su ausencia.





Víctor Jara

Ilustrado por Raquel Echenique.

LOM

ISBN: 978-956-00-0530-4

Santiago, Chile.







La hermosa canción poema de Víctor, ilustrado por Raquel Echenique dan luz a un libro de poesía ilustrada de pequeño tamaño.
Un libro que me lleva a pensar mucho. La canción, una de las más conocida de Jara, tiene un antecedente real. En el invierno de 1970 Víctor adoptó un niño, se llamaba Luis Iribarren Arrieta. Lo había conocido en los trabajos voluntarios de invierno, luego de un temporal que desbordó el río Mapocho. Luis estaba enfermo y envuelto en unos trapos y así envuelto lo llevó a su casa.
Acá  les dejo una versión de la canción en vivo con imágenes de las poblaciones donde tranquilamente podría haber vivido Luchín. Ese "bandido chiquito", como dice Víctor Jara. Poblaciones llenas de barro, de tierra, de niños morochos, de pelo negro y duro. Niñitos de población, con muchos rasgos de mi pueblo, en el que la sangre mapuche se cuela en las mejillas salientes y el marrón terroso de la piel. 

Es indudable que Raquel Echenique hace un trabajo hermoso, las ilustraciones son muy bellas, sin  embargo en mi opinión no representan al Luchín, demasiado blanco, demasiado limpio, demasiado rubio para lo que Jara estaba describiendo. 
Luchín forma parte de álbum que salió en 1972 llamado La población. Un canto a ese Chile que se organizaba en las poblaciones (villas miserias) con las tomas de terreno, la lucha y la represión. No veo la manera de hacer una conexión entre esa realidad y la que ilustra Echenique.
Creo que tiene especialmente una forma de ver la infancia, una idealización de la pobreza, especialmente en esos blancos profundos y la tierra lisita como un piso. Es un libro muy bello, la ilustraciones hermosas, pero ya saben que nada es casual en la literatura infantil. 


Una de las dichas de internet es que alguien subió a youtube un concierto que Víctor dio en Lima. Acá el link. Es un concierto hermoso. Lleno de charlas e ideas. Mírenlo.
Víctor es un artista increíble.
Un militante.
Un poeta y un cantor.
Y lo mataron por eso, porque con sus canciones encendía conciencias.
Su muerte no será en vano mientras viva en su arte y nuestros corazones.

Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Último poema.
Estadio Chile
Septiembre 1973





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