Sturgeon, la pasión de la Ciencia Ficción.
La ciencia ficción y la LIJ tienen muchos puntos en común.
No vamos a ahondar en todos ahora (son despreciadas por la Literatura Seria, hay
un fuerte contenido pedagogizante en muchas de sus obras, etc.) sólo en que
ambas tienen una fuerte relación con las revistas. Las revistan han tenido mucha importancia en la Lij (Billiken en Argentina) y muchos de sus
cuentos primero salen allí y luego son recopilados y publicados en libros. Con
la ciencia ficción ocurre lo mismo. Sin ir más lejos, la ciencia ficción
norteamericana comienza con la revista Amazing
Stories publicada por Hugo Gernsback en 1926. Muchas de las mejores
historias de ciencia ficción se publicaron primero como relatos en una revista (la
múltiple saga de Fundación, entre otras). Y varias vieron la letra de molde en
Playboy (teniendo en cuenta el poco prestigio de la ciencia ficción, es
probable que los lectores dijeran: “Sólo la compro por las mujeres desnudas”.)
Por eso, gran parte de la bibliografía de la ciencia ficción
son antología de cuentos. Muy buenas antologías de cuentos. Lo que nos lleva a
Sturgeon. Theodore Sturgeon fue uno de los mejores escritores de ciencia
ficción, ever. Hasta cierto punto, se podría decir que debemos a Sturgeon la
segunda ola de la CF (la de la década del 1960), él sentó las bases de la
ciencia ficcón seria. Hoy, cada vez que converso con alguien que desprecia la
ciencia ficción porque sólo leyó Space Opera y Asimov (algún día discutiremos
si Bradbury era escritor de CF), respondo: “¿Leíste a Sturgeon?” y doy por
cerrada la conversación.
Sturgeon escribió pocas novelas, no muy conocidas pero de
gran calidad: Más que humano, Los
cristales soñadores, Venus más X, Cuerpodivino, entre otras. Aunque le
publicaron gran cantidad de antologías de cuentos, entre ellas, Las estrellas
son la Estigia, que reúne quizás sus mejores cuentos. Y son más fácilmente conseguibles.
Sturgeon trazó un cambio muy fuerte con la ciencia ficción
de su época (Asimov y Clarke) y con el Space Opera anterior. Según el propio
Sturgeon, su método de escritura consistía en “cortar una vena y dejar que
chorree lentamente sobre el papel”. Es que Sturgeon escribe desde la pasión,
con huevos, alma y corazón. Muy lejos del cerebro lógicopositrónico de la Susan
Calvin asimoviana. Los personajes de Sturgeon son de a pie, el hombre común, o
la mujer, o la niña, o el extraterrestre (no, casi nada de robots). Sus
conflictos tienen que ver con el otro, con el amor, o el desamor, con la
tristeza, la alegría, la realización de uno mismo. En muchos casos, el eminente científico, o el astronauta de
mandíbula cuadrada o el político maquiavélico son elegidos como los antagonistas.
Es que Sturgeon tenía una posición ideológica muy clara: a los buenos les pasan
cosas buenas al final. Y logra transmitir esa postura sin necesidad de bajar
línea, como hacen los grandes.
En sus libros no dejó títere con cabeza, incorporando a la
CF temas considerados tabú como la homosexualidad (o algo similar) en Venus más X (1960) o la religión y el
sexo en Cuerpodivino (1986 póstuma,
si es que se trata en realidad de una novela de ciencia ficción) y los niños,
tiene muy buenos cuentos y novelas protagonizados por niños (Más que humano, 1950) sin caer en el
infantilismo, sino utilizándolos como otra forma de extrañamiento, como un otro.
Así que si andan por la vida desprevenidos y se encuentran
en una librería con un libro de Sturgeon, no duden en comprarlo. Y si se trata
de una antología que tiene al menos un cuento de él, también, ese sólo paga el
resto del libro (sin importar el estado en que esté).
Ramón Paez


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