Te vamos a extrañar David Mckee



Cuando amás tanto a un autor, pasa a ser parte de tu familia.

Eso me pasa con Sendak, con Christine, con Katherine y Sharon. Y con David.

David McKee es un genio.

Era, porque Anderson Press acaba de anunciar su muerte.

Un genio ha muerto y todos/as deberíamos parar a llorarlo.

David nació en 1932 en Devon y murió en Francia. La biografía la pueden leer en el post de Donde viven

Yo quiero hablar de él.

De sus libros.

De las cuestiones que provoca con su irreverencia.

De lo que hace que un autor valiente diga y voy a escribir de esto. Y qué.

Voy a hablar de dos de sus libros que son para volarte la cabeza.

Por supuesto están los otros.

Los Elmer que uno se cansa de leer con las crías de 0 a 3.

El cochinito de Carlota tan favorito cuando estás capacitando en libro álbum.

Blancos y negros. Favorito para hablar de la paz.

Ahora pasemos a los míos. Los que me acompañan a todos lados.

Con los que empiezo o termino cualquier taller cuando quiero mostrar la potencia de un libro son estos dos.


Denver y Ahora no, Bernando.

Hablemos primero de la paleta.

Hay que ser jodido para ponerte una paleta brillante y rosa para hablar de las cosas más complejas de la infancia. Hay que ser brillante para homenajear a Sendak sin plagiar. Hay que ser un conocedor de las infancias para saber pegar y decir eso que nadie dice y de lo que nadie habla.


Ahora no, Bernardo. 



Publicado originalmente en 1980 (¡1980! ¿entienden eso?) Fue traducido por Yolanda Reyes al castellano como parte de la fabulosa colección que ella dirigía para Alfaguara (ex Santillana y ahora Loqueleo) “Nidos para la lectura”, pero circula principalmente Colombia.

Bernando es un nene que encuentra un monstruo en su jardín que se lo va a comer.

Bernando busca a su mamá y a su papá para avisarles.

Y recibe la respuesta.

AHORA NO, BERNARDO.

CHAN.

Estas leyendo y decís:

Ahora no, Bernardo.









Y ves como cambian las caras de los niños y las niñas.

Ves como aparece esa mirada pícara de ¡aja!, eso me dicen.

Ves como se transfigura la cara de los adultos queriendo meterse más abajo en sus asientos.

Ves como las docentes se ríen bajito y te piden información para comprarlo porque quieren empezar las reuniones de padres con el libro.

Y comienza una revolución.

Hay muy poquitos libros que provocan eso.

Un puñado maravilloso de libros que lo hacen.

Libros que te cambian.

Este es uno.

Es de estos libros que Geneviève Patte nombra como imborrables, imprescindibles, “demasiado buenos para perdérselos”.


“No olvidemos que la infancia es breve. En el mejor de los casos, un niño, aún si es buen lector, no podrá leer en su vida de niño, entre 5 y 15 años, sino alrededor de 500 títulos, suponiendo que lea uno por semana y que se trate siempre de títulos nuevos…
La capacidad de lectura de un niño exige, pues, que se le proponga una selección y se le ayude a orientarse en ella. Sería verdaderamente lastimoso que el tiempo ya reducido que el niño consagra a la lectura este totalmente absorbido por libros «indiferentes» que toman el lugar de los libros «demasiado buenos para perdérselos», de los que hay que descubrir en cierto modo y que no tendrían nunca el mismo sabor si son leídos demasiado temprano, o demasiado tarde. Es cierto que los libros verdaderamente excelentes se descubren con un placer real en la edad adulta, pero, encontrar los siendo niños es una experiencia irremplazable. Tales libros pueden revelarse decisivos en la orientación de un interés, de una imaginación, de una sensibilidad. Butor evoca más generalmente “estas lecturas que imprimen carácter y que, aunque sean descubiertas en adelante por otras lecturas, seguirán siendo imborrables” (Si nos dejaran leer... Los niños y las bibliotecas,1984, p. 41).


Ningún/a niño/a de la tierra debería pasar por esta vida sin que le hayan leído muchas veces Ahora no, Bernardo.

Pero el libro no solo habla de eso.

Tiene mil capas.

Podemos estar un día entero buscando cuestiones técnicas y teóricas. Porque como objeto libro es de una genialidad abrumadora.


Mi otro favorito es Denver.




Secretamente creo que David era revolucionario, pero no solo como artista. Denver es una denuncia al capitalismo FANTÁSTICA. Bah, si la ves como una denuncia, como el summun de la ironía y el sarcasmo. 

Denver es rico.

Millonario.

Y bueno, buenísimo. Más bueno que el pan.

Y le da trabajo a todo su pueblo.

Y es pintor.

Un día llega un forastero y pregunta:

“¿Por qué Denver tiene tanto dinero y ustedes tan poco”.

Y zas.

Se arma.

Y de ahí en adelante todo es descalabro.

Y te quedás siempre con la duda.

Es o no.

Y ahora no está para preguntarle.



David era genial.

El mundo no va a ser lo mismo sin él.


Gracias por todo David.


Ilustración de Fabián Rivas


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