La lectura, la no ficción y la comprensión lectora


 



El Domingo 31 de julio salió una columna en un diario de Santiago de Chile firmada por Daniel Matamala que tenía por título Una Ancha Ventana.

La columna por demás interesante abrió una discusión acerca de lo que se piensa acerca de la lectura en mi país. Discusión que sale a la luz a propósito de la lectura de la Nueva Constitución. Pero además señala algunas cuestiones interesantes acerca de los libros, la lectura y el acceso de la mayor parte de la población.

Lo primero en lo que reparé en la lectura de la columna es el discurso que tiene la burguesía chilena acerca de la lectura de los textos de no ficción y la lectura de los “no académicos” esto en un país donde el acceso a la Universidad paga, carísima y elitista. está fuera del alcance de la mayoría. La burguesía chilena lleva desde 1973 resguardando la cultura, el conocimiento, el saber para un grupo que lo ostenta.

Quién estudia en Chile tiene que tener la posibilidad de que su familia lo/a mantenga. Son poquísimas las posibilidades que tiene un/a trabajador/a de hacer la universidad y a la par trabajar para pagarla.

Entonces cuando Lucía Santa Cruz señala “En este sentido, votar informado en el próximo plebiscito del 4 de septiembre exige no una mera lectura del texto (por lo demás incomprensible para la mayoría), sino un análisis más amplio del contexto, de sus autores, de sus declaradas intenciones y de aquello que explícitamente rehusaron incluir.” Lo que está señalando es (inserte meme del guatón de Gasco) “salgan de mi conocimiento académico, manga de roteques”.

Porque es eso de lo que estamos hablando. Qué se creen estos gasfiter, empleadas de comercio, dueñas de casa, asesoras del hogar. Qué se creen leyendo textos que van más allá de su comprensión.

Cómo la tiene la burguesía con la “Comprensión lectora”.

Lo que nos están diciendo todo el tiempo es: “Ustedes no entienden”.

No pueden entender.

Son demasiado pobres.

Demasiado negras.

Demasiado niños/as.

Y se olvidan, o tratan de que se nos olviden.

Que en 1917 los trabajadores más pobres de Rusia hicieron la revolución y desde ahí llegaron al espacio (en el medio, claro, todo se fue al cuerno, pero no voy a hablar de acá del estalinismo porque estoy hablando de lectura).

Se les olvida o quieren que se nos olvide de las miles de bibliotecas que los y las anarquistas (carpinteros, albañiles, costureras, empleadas) organizaron en toda América Latina.

Se les olvida que llevamos años de años, de años leyendo a Marx, a Engels, a Hegel, a Trotsky, a Rosa Luxemburgo, a Alejandra Kollontay que son más difíciles que la chucha, y los entendemos.

Pero no sé cómo llegué hasta acá. La pura bronca no más de qué otra vez nos estén mirando en menos

Durante la dictadura leer era una marca. Nos encontrábamos en la lectura con otras y otros. Había cinco revistas en circulación en contra de Pinochet, un diario y los leíamos todos. Leíamos literatura, leíamos poesía. Organizábamos bibliotecas en los sindicatos y había talleres de escritura por todos lados. La cultura y el arte eran nuestra forma de resistencia.

Fue la llegada de la democracia con su funesta Concertación la que impuso la etapa final de la fiesta está en la que estamos ahora. Fueron los gobiernos de Aylwin y Lagos con su Whisky Izquierda las que volvieron a llevarse la cultura a sus reductos de progres y fachos. Y así surgieron estos escritores que tanto les gustan a ustedes que escriben de Las Condes, Providencia que se van de viaje a Nueva York. Por eso me gusta tanto la Nona Fernandez con sus maravillosas novelas en plena Avenida Matta.

Me estoy yendo por las ramas.

La cuestión es que el conocimiento es poder.

Que saber leer, que entender lo que se lee es un arma que la burguesía sabe que no tenemos que tener.

Que leer la Constitución, ver como se puede hacer diferente indudablemente nos va a llevar a ver lo mal que hemos vivido hasta ahora y no, no quieren que lo veas.

No quieren que sepas que no está bien repartida la torta.

Que todos/as podemos vivir mejor.

Que la universidad no tiene porque ser paga.

Que el agua es un recurso de todos/as.

Que un país está conformado por pueblos diversos y que la historia de cada uno/a es distinta, la forma de ver el mundo es distinta.

Y vuelvo al artículo de Matamala, el periodista cita a Warnken a quién no conocía y que por lo que pude leer en google es profe de literatura y sale en la tele. Ah y formó un movimiento que se llama “Amarillos por Chile” (haciendo alusión a que no son comunistas, bastante macartista, pero bueno). Él critica duramente al gobierno argumentando que “esto no parece una entrega de libros para ser leídos, sino una performance, una puesta en escena muy bien pensada».

“Bajo el rótulo de “pedagogía cívica” parece esconderse una acción masiva de propaganda electoral en favor del Apruebo. Escuché a alguien llamarla “pedagogía intervencionista”. Los millones de ejemplares de la nueva Constitución repartidos a lo largo del país y firmados, en un acto cargado de simbolismo, por parte del gabinete, ¿fueron editados e impresos para que los ciudadanos los leyeran y analizaran, o para generar una fuerte sensación de que este es un buen texto y todo lo crítico que se ha dicho de él son mentiras y que el texto se defiende por sí mismo?”, se pregunta Warnken en la columna.

Es más, el líder de «Amarillos» añade que si “¿alguien cree que la mayoría de los chilenos leerá la propuesta constitucional? Y si la lee, ¿contará con las herramientas de análisis y los conocimientos para descubrir las falencias y errores que este texto incluye? Si pensamos en lo paupérrima de nuestra formación cívica y conocimiento histórico, y los bajos niveles de comprensión lectora, eso es poco probable. Es cosa de ver cómo se están revendiendo esos libros (tan generosamente regalados) en las ferias libres”.”

Me da un poco de ternura su tremendo ataque porque al profe se le metieron proletas a su conocimiento. Y por otro lado estuve buscando las denuncias de Warnken a las deficiencias en la educación para la mayoría. Sus denuncias por la bajas de horas de historia y educación cívica. Sus campañas como personaje público para que los niños y las niñas puedan acceder a materiales de calidad. Pero no, no encontré nada.

¿Será acaso que al profe este le conviene que el conocimiento sea solo de unos pocos y que a la mayoría le demos pan y circo?

Hay tanto que hablar, que pensar que reflexionar acerca de cómo la lectura cambia la vida de las personas. Cómo la existencia de bibliotecas públicas, el acceso a los libros, la posibilidad de leer comprendida como un derecho humano, la formación de usuarios y usuarias y los trabajos de los organismos públicos y privados van generando cambios radicales en la sociedad.

Y lo que me pregunto todo el tiempo es a qué le tienen miedo y que es lo que quiere la burguesía.

Estoy convencida que quiere que entendamos órdenes, pero que no pensemos, que no ahondemos, no reflexionemos. Mirá lo que pasa cuando las mujeres se juntan a pensar. Terminamos con una Ley por el derecho a decidir.

Y bueno, entonces leamos.



Y a todo esto que alguien me guarde la constitución firmada por el presidente.




Acá la columna de Matamala.


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