Mi charla se titula Las bibliotecas públicas y el derecho a la lectura.
Voy a charlar con otros y otras que pensaron esto antes.
Ninguna persona es una isla.
Y quiero agradecerle a Silvia Castrillón especialmente que lleva tantos años pensando sobre bibliotecas y el derecho a la lectura.
La escribí varias veces y no me emocionaba. Como artista necesito que las cosas me emocionen y no me emocionaba. Hasta que escuchando a Paula Larraín nuevamente lo entendí.
Pido disculpas a Sergio y a Amparo por los cambios de última hora.Comenzaré por acá.
Comenzaré con un fragmento de un texto potentísimo que Silvia Castrillón, a quién agradezco puesto que durante toda la conferencia dialogaré con sus textos.
Fin de cita.
Y cómo hacemos para que gran parte de la población considere a la lectura como un instrumento para su beneficio.
Cómo convencemos a funcionarios y a políticos que el gasto en lectura es una de las mejores inversiones a futuro.
Cómo interesamos a usuarios y usuarias para que vuelvan a las bibliotecas a, entre cosas leer. Y digo vuelvan porque sé que uno de los grandes problemas de las bibliotecas en la actualidad es que los usuarios y usuarias no están volviendo, porque uno de los efectos de la pandemia es el abandono de lo público y una marcada tendencia a la individualidad.
Y cómo trabajamos en la democratización de la lectura y de la cultura escrita. Entendiendo que es el medio para la formación de ciudadanos/as críticos. De personas que puedan leer la letra chica de un contrato, que puedan hacer su curriculum para buscar un trabajo, que puedan responder una comunicación. Personas que puedan buscar una fuente y en ese sentido no ser manipuladas por una fake news y terminar creyendo que la covid es una mentira, que la tierra es plana y que las vacunas enferman a los niños de autismo y o te implanta un chip. Y es fundamental en este momento en el que debemos combatir el avance del conservadurismo y de las ideas nacionalistas de la derecha, de las teorías conspirativas y del avance de las pseudociencias. Es ahora que se vuelve imprescindible y fundamental contar con ciudadanos y ciudadanas que entiendan lo que leen y que puedan mirarlo críticamente.
Y cuando hablamos de derechos nos referimos a la necesidad sustancial y específica de que exista un marco legal, una política de Estado y que dejemos de lado una práctica tan común en nuestros países qué es la mendicidad, la dádiva, la intervención de fundaciones, de ong que alivianan sus impuestos con programas que “promueven la lectura”.
Un derecho necesita estar reflejado en el pacto social en donde todos y todas comprendamos que es eso que estamos llevando adelante. Y tiene que tener el estatus de ser necesario para la vida.
Los derechos humanos son normas que reconocen y protegen la dignidad de todos los seres humanos. Estos derechos rigen la manera en que los individuos viven en sociedad y se relacionan entre sí, al igual que sus relaciones con el Estado y las obligaciones del Estado hacia ellos.
El derecho a la lectura, su acceso y su garantía están contemplados en
Derecho a la educación - Artículo 26
Derecho a participar en la vida cultural - Artículo 27
Tenemos que trabajar en la apropiación de esos derechos a eso es a lo que se refiere Silvia con esa idea:
“solo cuando la lectura constituya una necesidad sentida por grandes sectores de la población, y está población considere que la lectura puede ser un instrumento para su beneficio y sea de su interés apropiarse de ella, podemos pensar en una democratización de la cultura escrita.”
La equidad, el acceso, la disponibilidad.
Eso es un tema político.
La lectura es un tema político.
Y acá tengo que ponerme franca.
Tengo que echar mano a cuestiones reales.
Tengo que hablar de Chile, de qué ocurre en nuestro país, en el que por ejemplo en los últimos cuatro años han estado constantemente amenazadas no solo las políticas públicas, también la vida humana.
No olvidemos que tenemos 34 asesinados durante el estallido social por fuerzas del Estado, más de 400 heridos oculares y decenas de presos/as políticos que todavía siguen en la cárcel.
En un país donde la clase trabajadora tiene como sueldo mínimo 400.000 mil pesos chilenos, unos 420 dólares. Y una de las jornadas de trabajo más agotadoras de todo el continente. Un país donde la gente muere en las salas de espera de los hospitales sin atención. Un país en el que según la Encuesta Casen del año 2021 el 10,8% de la población se encuentra en situación de pobreza, lo que es equivalente a 2.112.185 personas.
Hace unos días la Fundación La fuente y Ipsos presentaron los resultados del estudio de hábitos y percepciones lectoras: Leer en Chile 2022.
Uno de los datos que más me llamaron la atención es que el 53% de las personas encuestadas declaró que es la falta de tiempo la razón que más afecta la posibilidad de leer.

¿Y quienes son las personas que más son afectadas por la falta de tiempo?
La clase obrera.
Los trabajadores y trabajadores urbanos, por ejemplo, una persona que trabaja en Santiago, que vive en Puente Alto tiene 2 horas de viaje. Lo mismo que uno se demora en ir a Viña del Mar. De hecho trabajé con una persona que viaja todos los días de Viña del Mar a Santiago y gasta lo mismo y viaja menos que su compañera que vive Maipú. Entonces una persona que se levanta a las 5 de la mañana, que viaja como sardinas hasta su lugar de trabajo y que vuelve como sardina a las 7 de la tarde para llegar a las 9 de la noche a su casa.
¿Va a poder/querer leer?
No, no va a querer hacer nada.
No va a poder.
Los hombres y mujeres que trabajan hasta quedar extenuados no tienen tiempo para leer. No tienen tiempo para estar con sus familias. No tienen tiempo para nada que no sea descansar esas pocas horas de sueño y reponerse para poder levantarse para ir a quedar extenuados una vez más y así hasta su muerte.
Es muy impresionante ver las caras de quienes viajan en el metro, nadie habla, nadie sonríe. Solo esperan llegar.
oración para esperar el colectivo, Liliana Ancalao
señor de los desamparados
que esperan el colectivo
no permitas que se apague esta llamita
defendida a puro sol sobre la escarcha
que el colectivo venga pronto
pues la espera
amontona cenizas en la frente
y tengo que apalearlas y hacer señas
y asomar los ojos a la ruta
aunque las venas duden
tironeando
señor de los desamparados
que no pase de largo
como si yo no fuera capaz de andar descalza
como si yo no fuera propensa a la ternura
como si fuera una chapa
un poste nadie nada
y que no venga lleno señor
porque se salen con la suya
entonces patas y empujones
en un boleto me suicidan la sonrisa
y me resigno animal al matadero
que no demore señor hoy hace frío
y no llegan los sueños hasta el alma
en el filo de este riesgo no me culpes
si abandono un segundo la trinchera
y alcanzo a maldecir
la madrugada
En un boleto me suicidan la sonrisa, dice Liliana.
Cuando uno tiene la sonrisa suicidada apenas tiene un poco de vida para llegar hasta el final del día. Y para poder leer necesitás tiempo, espacio, disponibilidad. No sé cuántas veces he citado este texto de Bertolo en La c
ena de los notables.
Leer un texto no es una tarea simple, requiere competencia. Requiere atención, memoria, concentración, capacidad de relación y asociación, visión espacial, cierto dominio léxico y sintáctico de la lengua, conocimiento de los códigos narrativos, paciencia, imaginación, pensamiento lógico, capacidad para formular hipótesis y construir expectativas, tiempo y trabajo. Un texto es un constructo que hay que deconstruir y reconstruir y esto exige esfuerzo, aunque ello no signifique que esté exento de placer.
Vuelvo a los resultados del estudio de hábitos y percepciones lectoras:
Leer en Chile 2022.
Cuando preguntamos específicamente por la frecuencia de lectura de libros impresos, el 29% de los chilenos lectores de libros dicen leer todos o casi todos los días y el 26% lo hace al menos una vez a la semana. En contraste, un 11% declara no leer libros impresos nunca (4%) o casi nunca (7%) durante el año. Al igual que con otras variables, hay diferencias significativas entre frecuencia de lectura de libros impresos y el nivel socioeconómico: en el grupo ABC1 un 38% lee todos los días libros físicos, frente a un 29% promedio en el país, diferencia que no se da de esa forma con los libros digitales, donde es el grupo C3 con mayor tendencia a leer ese formato todos los días.
Y eso es bastante obvio cuando revisamos los precios de los libros en Chile. Uno de los más altos de la región con exagerados impuestos que encarecen aún más su accesibilidad. Un libro promedio cuesta entre $15.000 y $30.000 pesos chilenos.
Cómo puede un trabajador, una trabajadora que gana 4oo lucas, que gasta $350.000 en el arriendo, que tiene que pagar gastos comunes, escuelas, locomoción y con una canasta básica que llega a los 70 mil pesos, para pensar siquiera en gastarse una parte de su sueldo en un libro.
Y pienso en las obreras de Lawrence exigiendo sus aumentos salariales y sumando a sus consignas derechos culturales. Han pasado 112 años y seguimos exigiendo el pan y mejores condiciones laborales, pero también las rosas y una vida digna de ser vivida.
María Teresa Andruetto en su texto "Leer es un derecho de todos" señala:
La lectura, con su repliegue intimista y su incitación a lo sutil, lo delicado, la reflexión y el ocio, fue por mucho tiempo privilegio de unos pocos. Una mujer muy mayor me contaba hace poco que, cuando era niña, mientras bordaba para aportar al precario presupuesto familiar, solía esconder un libro debajo del bastidor y lo sacaba cuando su abuela se retiraba de la habitación, porque en esa casa se leía los domingos, único día en que un pobre tenía derecho a pensar y a distraerse. La lectura, como el ocio, fue por mucho tiempo derecho de pocos.
Leer era una costumbre asociada a una clase, una condición social, un modo de ser. "¿Qué es lo que permite al pensador despreciar la inteligencia del obrero si no es el desprecio del obrero por el campesino, del campesino por su mujer, de su mujer por la mujer del vecino, y así hasta el infinito?" se pregunta Rancière en El maestro ignorante. El ingreso de la lectura en nuevos sectores sociales menos beneficiados nace con la Revolución industrial y con el imperativo de alfabetizar a los obreros para que aprendan a manejar las máquinas. Obreros que, una vez que han aprendido a leer, comienzan a demandar lecturas y provocan el nacimiento de los géneros llamados populares, desde el policial o el fantástico hasta la ciencia ficción el folletín, los cuales instauran nuevas formas de leer más veloces y terminan sepultando, por lentas y tediosas, muchas novelas preexistentes, cambiando para siempre los modos de escribir y de leer. La literatura es un instrumento privilegiado de intervención sobre el mundo, pero, al menos en su forma escrita, no estuvo siempre a disposición de todos”
La lectura y la literatura fueron/son patrimonio de unos pocos. Es una de las peleas que tenemos que dar, exigir que la lectura y literatura sean patrimonio de todos los seres humanos y estén a disposición.
Y antes de seguir debo señalar una cuestión importante acerca de a qué me refiero cuando hablo de la lectura como derecho que debe ser garantizado. Porque muchas veces yo hablo de lectura en su amplio sentido, entiendola como el acto de leer caras, gestos, imágenes. Pero en este caso cuando hablo de lectura, hablo de la lectura de la palabra y de la imagen en textos escritos e ilustrados.
Y cito a Silvia Castrillón esta vez en su texto Resistir pero también combatir con el arma de la lectura que lo define de una muy bella manera:
“Me atrevo a plantear que las prácticas de lectura que necesitamos garantizar como derecho y por consiguiente que merecen la inversión de recursos del Estado son las prácticas que asocian la lectura con el pensamiento y las que según el profesor colombiano Didier Álvarez "habilitan a las personas para la comprensión y la transformación de [sí mismos] y de la sociedad" y "se constituyen en herramientas del ser humano para vivir una vida merezca ser vivida". Esta lectura no excluye, al contrario, incluye de manera definitiva la lectura de la literatura.
¿Hermoso, no?
Una vida que merezca ser vivida.
Salir de la sobrevivencia para pasar a vivir la vida como se merece.
Como vale la pena.
Y pienso en todas las consignas marketineras que se asocian a la lectura.
Por ejemplo la de crear un país de lectores.
Y yo me pregunto. Cómo y cuándo.
Cómo vamos a transformar este país enormemente desigual en un país donde no prendan las fake news.
En donde el uso y el abuso de la información puede ser revisada de manera correcta por personas que tienen a su disposición las herramientas.
Cuándo, cuánto tiempo se va a tomar la sociedad para trabajar el tema.
Transformar a Chile en un país de lectores es trabajar en un cambio profundo de la forma de pensar, el poder, la cultura, la apropiación de lo público, el acceso, la disponibilidad. Pero también implica un cambio de paradigma en el sentido de que pensar en una sociedad igualitaria golpea en el centro mismo de cómo está organizado el país.
Porque es una sociedad que está organizada a partir de los privilegios de unos por sobre otros. Privilegios en el acceso a por ejemplo a espacios verdes, plazas, árboles, contaminación, etc.
Cito nuevamente a Andruetto:
Hay que alimentar el deseo, fogonear el interés naciente, incipiente, con un abanico de libros de autores, géneros, épocas y procedencias diversas, porque leer es un acto de arrojo, es abrirse al mundo y sentirse en libertad de desechar, es ir buscando palabras de otros para encontrarse con uno mismo. Lo que uno hace cuando lee no es entender al que escribió, sino comprenderse un poco más a sí mismo y comprender un poco más el mundo en el que vive.
Fin de cita.
La lectura como un acto de libertad, de apropiarse de la cultura, de quienes han escrito, de hacerse en el acto más humanos y alejarnos de aquello que embrutece, que distrae, que enajena.
La lectura como una herramienta para la dignidad.
2. Las bibliotecas públicas
Según las directrices de IFLA/Unesco de 2001 Las bibliotecas públicas puede ser definida como:
una organización establecida, respaldada y financiada por la comunidad, ya sea por conducto de una autoridad u órgano local, regional o nacional, o mediante cualquier otra forma de organización colectiva. Brinda acceso al conocimiento, la información y las obras de la imaginación gracias a toda una serie de recursos y servicios y está a disposición de todos los miembros de la comunidad por igual, sean cuales fueren su raza, nacionalidad, edad, sexo, religión, idioma, discapacidad, condición económica y laboral y nivel de instrucción.
Y eso ocurre.
Todo el tiempo.
Las bibliotecas están a disposición de usuarios y usuarios sin distinción.
Estuve hace muy poquito en Chile.
Visité la hermosa biblioteca de Peñalolén y tuve un encuentro con chicos y chicas charlando de mi libro Matilde, un libro que habla de una niña que crece durante la dictadura cívico militar.
En esa biblioteca absolutamente acogedora pudimos hablar acerca de la memoria, la violencia política y cómo fue crecer bajo el régimen asesino de Pinochet.
El encuentro fue organizado por la biblioteca pública, la biblioteca CRA de las escuelas, las profes y todos nos reunimos poniendo en marcha de manera fáctica el ejercicio del derecho a la lectura.
En un espacio en el que se puede dar esa charla, en el que se puede hablar de la dictadura y decirle así sin miedo. Cuestión que puede complicarse si se da dentro de la escuela. Porque en Chile no se puede, todavía a 49 años, hablar de la historia de la reciente.
Cito a Michele petit en su libro
Leer el Mundo.
La biblioteca es una de las instituciones más generosas que hayan inventado los seres humanos -a condición de no encontrarla con la puerta cerrada a toda hora y a condición de atreverse a entrar en ella, lo que frecuentemente supone que algunos bibliotecarios hayan salido de ella-. Es uno de los
pocos lugares que escapan, al menos hasta hoy, a la lógica exclusiva del lucro. Da prueba de una continuidad, es como un punto de referencia estable que puede proveer un sentimiento de pertenencia muy dañado en tiempos de crisis. "Es como una presencia, la biblioteca", me dijo una mujer, en el suburbio parisino. Estamos mucho más allá de un simple banco de informaciones manejado por técnicos.
Una biblioteca, una mediateca, es un lugar, una arquitectura, bienes culturales y profesionales disponibles -o, cuando no hay verdaderamente manera de hacerlo de otro modo, voluntarios formados- que reciben a la gente. Los tres son indisociables pero, si fuera necesario jerarquizar, sin duda los más importantes son aquellas y aquellos que reciben a los visitantes. Hace unos quince años, en una entrevista, un joven había dicho: "una biblioteca no es solo un hangar de libros, es mucho más". En la actualidad, una biblioteca no es solo un hangar de libros, de computadoras y tabletas, es mucho más. Como decía otro muchacho, Hadrien: "La biblioteca, ante todo, es un lugar que es humano, es absolutamente necesario que sea así, aun cuando se aterrice en lo multimedia y en la informática omnipresente. Si no hay mediación humana, ¿para qué?".
Y ese es el trabajo que hacen las bibliotecas, por lo menos aquellas que conozco.
Les voy a dar unos ejemplos, además de la de Peñálolen.
Estuve una hora en la biblioteca de Tongoy, entraron tres usuarios. Dos de ellos entraron a pedir ayuda con la internet. La bibliotecaria dejó de charlar con nosotras y se involucró completamente en la tarea de darle solución a la persona que le pedía ayuda. La bibliotecaria se levantó y puso su atención y su disposición para ayudar una persona de su comunidad.
También visité la BILIJ una biblioteca que depende de la Fundación Palabra ubicada en el barrio Matta.
La biblioteca todavía no cumple un año y es impresionante el nivel de apropiación que tiene el barrio con la biblioteca. No solo porque es un área verde en un barrio donde es más que indispensables también porque la biblioteca brinda servicios que son muy necesarios para el barrio y los vecinos y vecinas por ejemplo dos personas pasaron a buscar a sus hijos por la biblioteca. Los nenes se van al salir de la escuela a la biblio y esperan a sus mamás ahí. ¿Entienden ese nivel de acogida?

La biblioteca de Santiago ubicada en el barrio de Quinta Normal, un barrio obrero, con gran población migrante que cuando estuve de visita estaba comenzando la atención de usuarios sin necesidad del pase de movilidad, volviendo lentamente a trabajar a toda máquina con los servicios para los vecinos y vecinas. Servicios que van desde enseñar castellano a las personas migrantes hasta cada día leer cuentos en la sala infantil, cada día, sin importar la cantidad de niños y niñas que hayan. Porque las bibliotecas también son compromiso.
Pero la encuesta Leer CHile 2022 en relación a las bibliotecas resultados que se señalan muy poco alentadores y se informan de la siguiente manera:
Luego de veinte años de trabajo en esta área, veo con cierta desazón los resultados que, en diversos estudios, desde el año 2006 hasta el actual, van mostrando cómo esta institución ya no se presenta como una alternativa para conseguir libros ni menos como un lugar que invita a quedarse y leer en él; y en algunos casos, las consecuencias del estallido social de octubre 2019 y, sobre todo, de la pandemia COVID y la decisión de cerrar la totalidad de los espacios culturales y de recreación, han sido un golpe de gracia para sistemas bibliotecarios destacados, como es el caso de los Cafés Literarios de Providencia, que permanecen cerrados, convirtiéndose en refugios informales para personas en situación de calle; o la red Biblioteca Viva de Mallplaza, que anunció su término y la donación de todo su material hace un par de meses.
Vamos a las cifras actuales. Leer en Chile 2022 nos muestra que, de quienes se declaran lectores por gusto o necesidad, solo el 15% pide libros en la biblioteca, la gran mayoría (71%) los compra, siendo esta una práctica más afianzada en los grupos económicos altos. Si hablamos de la asistencia a la biblioteca, antes de la pandemia, el 40% de la población declara no asistir a ninguna.
Esta cifra aumenta después del COVID y llega al 54% de los encuestados. El aumento de 16 puntos se puede explicar por el cierre de todos los recintos casi dos años. Quienes asisten a las bibliotecas hacen uso de los recintos municipales (40%), aún así llama la atención que casi de la mitad de la población (43%) no sepa si su comuna tiene una biblioteca pública u otro servicio de préstamos de libros, o piense que no lo tiene, siendo que en Chile existe el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas que agrupa a más de 450 espacios lectores, para 346 comunas.
Y ayer escuché ayer el informe que Paula Larraín entregó acerca de usuarios e inversión y perspectivas, desafíos y proyecciones que tiene el Servicio Nacional de Bibliotecas Públicas, los y las invito a escucharlo. Paula informó cada dato con alegría, con emoción. Cada uno de estos datos son personas trabajando, personas poniendo su tiempo, sus ganas, sus ideas a disposición. Trabajando más allá de su horario y de sus tareas.
¿Cuántos bibliotecarios y bibliotecarias trabajaron más horas que lo que dicen sus contratos en pandemia?
Yo hice no sé 10 cursos y estuve conectada hasta las 9,30 de la noche al zoom de la biblioteca de Santiago y funcionarias de la biblioteca me acompañaba todo el tiempo fuera de su horario de trabajo.
Las bibliotecas se comprometieron en los cambios políticos del país, habilitaron el diálogo, permitieron asambleas.
Las bibliotecas en tiempos de violencia y asesinatos salieron a hacerle frente a un gobierno asesino y pusieron el grito en el cielo firmando, protestando aun a costa de sus propios puestos de trabajo.
Y armaron redes de apoyo, ollas populares, acopio de ropa, de mercadería cuando en plena pandemia sus usuarios y usuarias padecieron hambre, hambre real, no la de los libros.
Porque hacer la lectura de los datos sin tomar en consideración lo ocurrido a nivel social en torno a lo público luego del Estallido y de la Pandemia. O hacer la lectura de los datos dejando de lado cuestiones de clase es sub utilizar los resultados, o manipularlos, los datos no están exentos de cuestiones políticas.
Pero en Chile la palabra política especialmente hoy, es mala palabra.
Debemos pasar de un derecho declamativo a un derecho efectivo que repercuta en la sociedad.
De ayudar a las personas a ocupar, a hacer uso de estas instituciones que están en el centro de lo público. Que tienen que ser parte de las comunidades. Y que al ser parte de las comunidades se transforman en espacios de resistencia.
Hace unos días atrás Ramón Salaberría en el Encuentro Sirbi de Lima señalaba uno de los principales problemas en el que tenemos que trabajar:
“disponibilidad y accesibilidad no son lo mismo. Una biblioteca pública puede estar disponible pero no ser accesible para algunas personas de esa comunidad. Existen obstáculos socioculturales que imposibilitan o al menos dificultan su acceso.
El concepto de accesibilidad consta además del elemento físico, por ejemplo distancia geográfica que separa al usuario potencial del punto de servicio. Del elemento social, es decir la distancia social que existe entre el usuario potencial y el punto de servicio. Todo esto está relacionado con la clase social, el nivel de ingreso, el nivel de escolarización, los valores culturales, percepciones, creencias.
Las desigualdades sociales son también desigualdades culturales y por tanto van a acarrear comportamientos más o menos familiares, más o menos acomodados con el universo de la biblioteca. Va a haber sectores que van a estar más cómodos, que les va a ser más fácil ir a la biblioteca y otros con mayor dificultad.
Y luego señala:
las bibliotecas públicas son subfrecuentadas por los amplísimos sectores sociales menos escolarizados.
Fin de cita
La clase obrera en nuestro país ha estado relegada por tanto tiempo de las cuestiones culturales, hemos tenido que trabajar para comer y dejar el arte y la cultura para los ricos. Y hay una necesidad de que se apropien de los contenidos culturales, que se sientan invitados/as a la fiesta. Y buena parte de la población no se siente llamado/a.
Subfrecuentadas, dice Ramón y ese es un llamado. Un grito de alerta.
¿Qué ocurriría si estos amplísimos sectores sociales hicieran uso de las bibliotecas?
¿Cuánto cambiaría el país?
Las relaciones sociales con una institución que va a contramano del lucro y la individualidad.
7. La biblioteca tiene que ver con bienes comunes, con producir y con autonomía personal. Pone en tensión paradigmas de producción y consumo y merece ser investigada con base en otros discursos que hablen de su sentido y de su valor personal y público, que es material e inmaterial, práctico e improductivo, teórico, utilitario y efectivo, tangible e intangible, visible, invisible y casi visible.
8. No. Es mejor dejar de pensar solo en su valor y su potencial, y mostrar su poder económico, productivo, político, social, cultural, íntimo.
9. Porque la biblioteca pública está al servicio de las ideas y las ideas están al servicio de las personas, es fundamental explorar nuestra intimidad. Y esta exploración es política.
Este fragmento forma parte del bellísimo libro
Manifiesto poético, político por la investigación de en la biblioteca pública de Teresa Avedoy.
Comprometerse con el trabajo de las bibliotecas públicas es un tema político.
3. Vamos por ancho camino
El juego en que andamos
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman
En septiembre 2021 fuimos testigos de estas imágenes.
La cara más horrenda del racismo, la xenofobia, la barbarie desenfrenada recorrió las calles de Iquique.
El fascismo metía sus garras y culpaba a los migrantes de todos los males del mundo. Es la forma que tiene, construye un enemigo para poder culparlo.
La peor cara del individualismo estaba ahí al pie del cañón para destruir a los que no tienen nada.
Personalmente quedé pasmada, llevo muchos años como activista migrante trabajando con libros y migración. Me puse entonces en contacto con Francisca Navarro, con Luz Reyes y Álvaro Soffía y organizamos un encuentro con las bibliotecas del norte para trabajar en la acogida de los/as migrantes.
Y lo que yo proponía como un taller terminó siendo un relevamiento y una puesta en común de lo que ya se estaba haciendo en torno al tema con las bibliotecas. Porque la mayoría de las bibliotecas ya estaba trabajando activamente en la acogida de la población migrante.
El trabajo fue realmente hermoso. En todas las bibliotecas sobraban ganas para llevar adelante acciones. Pero y esto debo señalarlo, porque hace al tema de esta conferencia, en general faltaba presupuesto, faltaba personal, faltaban libros y cada una de las personas que estábamos ahí estábamos haciendo trabajo voluntario. Cuestión no menor al pensar la puesta en práctica de una política pública. Porque el gobierno de Sebastián Piñera además de violar los derechos humanos y reprimir salvajemente a mi pueblo desfinanció la mayoría de las instituciones, entre ellas las bibliotecas.
Y por qué hago mención a esto, además de aprovechar de decir que espero que el gobierno de Boric se comprometa realmente con las bibliotecas y la lectura y que sea posible llevar adelante la política del libro y la lectura con financiamiento y regularidad. Pero también porque cada una de las iniciativas que caminen a la democratización de las bibliotecas y a la construcción de ciudadanía van en concordancia con su razón de ser. En este caso en el trabajo con personas migrantes.
Geneviève Patte en su libro
Biblioteca y vida cuenta como fue el trabajo de acogida a las personas migrantes en las bibliotecas en Norteamérica a principios de siglo:
“La biblioteca, por su propio principio, representa una esperanza de integración para estas familias. Por supuesto, la lectura contribuye a un mejor manejo de la lengua. Pero hay más: el lugar brindado a la tradición oral enriquece la acogida que experimentarán. Como yo misma pude constatarlo en Nueva York cuando trabajé allí en los años sesenta del siglo pasado, la biblioteca pública es particularmente apreciada por los recién llegados. En el momento de su llegada a suelo estadounidense, esta es para ellos y sus familias -según ellos mismos confiesan- como un segundo hogar. La diversidad de las obras y la importancia brindada al cuento relatado, a la oralidad, explican este apego. Aprecian la discreción de la acogida, que no impone nada, al tiempo que tiene en cuenta sus expectativas.
En cuanto a los bibliotecarios, estos se dieron cuenta de inmediato que la biblioteca, por su propia organización, constituye un lugar excepcional de encuentros donde cada uno puede sentirse reconocido en lo que posee de singular. Favoreciendo un reconocimiento positivo de las culturas y tradiciones venidas de otros lugares, provocan, en algunos, el deseo de pertenecer al país que descubren; y en los otros, la preocupación por construir la «gran nación estadounidense»>, que no puede sino enriquecerse a partir de las diferencias que la componen.
FIN DE CITA
Esa trabajo con la otredad, el respeto por lo que cada uno trae, el reconocimiento del otro como un legítimo otro. Todas esas prácticas están presentes y activas en las bibliotecas. Pero para que este trabajo sea aun más certero, debe ser acompañado de políticas que permitan ese trabajo, la dotación, actividades de acompañamiento.
Cito nuevamente a Silvia Castrillón ahora en su libro Criticar un río es construir un puente.
“para que la biblioteca se constituya en una institución que favorezca la participación no es suficiente que «permita o conceda» el acceso de toda la comunidad como algo que se otorga graciosamente. Se puede alegar que la bibliotecaestá abierta a todos, que todos se pueden beneficiar de ella, que a nadie se le niega el ingreso y nada se gana en cuanto a la verdadera democratización de esta institución.
La biblioteca tiene que invitar a todos y cada uno para que descubran la lectura como instrumento de participación, de reflexión, de crítica y de cuestionamiento de la sociedad. En este sentido, la biblioteca es una institución política al servicio de la política. No hay que tenerle miedo a la palabra; recordemos que ha sido estigmatizada por personas que se han apropiado de ella para sus propios y mezquinos beneficios. Solo mediante un proceso que permita que todos podamos tener acceso a la información y a la lectura que propicie la reflexión, podremos pensar en un legítimo cambio.
Lo que hace a la biblioteca no es el edificio, ni siquiera los libros que posee ni su sofisticada sistematización. En estos aspectos se puede ser muy ostentoso, pero lo que la hace verdaderamente pública es su capacidad de convocatoria para que todos descubran el valor de la lectura y su importancia para los individuos y la comunidad, y esto se da mediante un programa de actividades” variado, que atienda a las necesidades de un público muy diverso y en el que estén representados los intereses y las necesidades de toda la comunidad.
Hemos fracasado en convencer a los chilenos y chilenas del proyecto presentado para la nueva constitución que pretendía garantizar derechos mínimos como el acceso al agua y a una vivienda digna, pero también derechos y acceso a derechos culturales y sociales que hacen la vida más digna para todas y todos.
Pero perder una vez no es perder.
Hemos perdido tantas veces.
Hay que levantarse y volver a empezar.
Debemos volver a pensar en construir comunidades, conformar espacios donde podamos pensar con otros y otras y que mejor para ello que una biblioteca, que ese lugar que es nuestro y de todos y todas. Un lugar que escapa del mercantilismo, que escapa de la idea de consumo, de ese lugar donde todos y todas somos iguales. Donde no importa quién soy tengo derecho a estar ahí. Donde todo está a mi servicio y siempre soy bienvenida.
Comenzar a llamar desde las bibliotecas para construir y reconstruir el entramado que se ha ido rompiendo con tanta violencia sucesiva pero que hace 3 años vimos resurgir.
Porque somos semillas.
Voy a tomar para terminar las palabras de Victor, como siempre.
Ven, ven, conmigo ven
Ven, ven, conmigo ven
Vamos por ancho camino
Nacerá un nuevo destino, ven
Ven, ven, conmigo ven
Ven, ven, conmigo ven
Al corazón de la tierra
Germinaremos con ella, ven
Muchas gracias
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