PISA, la lectura y el derecho que seguimos debiendo
Hoy salieron los resultados de PISA 2025 y, como siempre que pasa esto, el país se llenó de titulares catastróficos y de funcionarios buscando de quién es la culpa (y nadie asumiendo la propia, obvio).
Los números, para quien no los vio son: 367 en Matemática, 389 en Lectura, 393 en Ciencias. Los tres, por debajo de 2022. En Matemática es el peor resultado de toda la serie histórica argentina. El 76% de los chicos y las chicas de 15 años no llega al nivel mínimo. En Lectura, el 60% tampoco.
Yo lo primero que pienso, siempre, es en los libros. En si hay o no hay libros.
Hace un tiempo di una charla que se llama "Pensar la lectura como un derecho" y ahí me preguntaba qué hubiera pasado en Argentina si se hubiera sostenido la política de entrega de materiales que se cortó en 2015. Lo escribí pensando en la pandemia, en los chicos encerrados sin libros en sus casas. Pero es la misma pregunta que me hago hoy, de nuevo, con estos números en la mano. Porque la entrega de libros a las escuelas volvió a discontinuarse, volvió a ser una promesa que depende de qué gobierno esté sentado en el sillón. Y cada vez que se corta, alguien en algún lugar deja de tener acceso a un libro que no tiene en su casa. REPITAMOSLO FUERTE Y CLARO, LEVANTAR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE LECTURA Y ESCRITURA ES DEJAR A MILES DE PERSONAS SIN ACCESO A LIBROS Y LECTURAS.
Y esto no es un capricho ni una nostalgia mía porque extraño el plan de CABA. Lo dice Silvia Castrillón, lo dice Emilia Ferreiro: la lectura es un derecho, no es un privilegio de algunos. Y los derechos los garantiza el Estado. Y cuando el Estado no lo garantiza, el efecto no se ve enseguida, pero se acumula. Y después aparece en una prueba como PISA, y ahí todos se rasgan las vestiduras como si fuera un misterio. Como si no lo hubieran visto venir. No pueden estar tan “sorpresa” llevás tres años sin Ministerio de Educación, sin Plan Nacional de Lectura, sin entrega de Libros, sin materiales, sin recursos pedagógicos, con el presupuesto más bajo de los últimos 20 años. ¿Qué esperabas que pasara?
2 Pero bueno, leí varias notas hoy y hay una que me interesó particularmente, la de los especialistas consultados por Infobae. Ahí Sandra Ziegler dice algo que suscribo enteramente: que esta caída no tiene una sola causa, que es la suma de pobreza, desigualdad, un sistema fragmentado y la discontinuidad de las políticas educativas. Discontinuidad. Esa palabra otra vez. Y agrega algo que también vengo diciendo hace años: que la escuela, en vez de compensar el origen de cada chico, muchas veces termina reproduciéndolo. Por eso insisto en pensarla la escuela como una verdadera usina de lectura, con bibliotecas activas y tiempo real para leer. Exactamente lo que yo llamo, copiando de Michèle Petit, “la llave de todo”.
Hay otro dato de esa nota que me quedó dando vueltas: el fenómeno de los "lectores apresurados". Chicos y chicas que leen rápido y responden mal, y que esa conducta casi se duplicó entre 2018 y 2025. Y pienso en el fracaso estrepitoso de todas, todas las campañas de lectura fluida, en cronometrar palabras por minuto, en la obsesión por la velocidad como si leer bien fuera leer rápido. PISA está mostrando, con sus propios números, que eso no es leer. Es descifrar. Y descifrar no es lo mismo que comprender. Y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires insistiendo en poner todo al frente del modelo de Vanesa de Mier y el modelo de lectura fluida. Los números que son exactamente lo que más miran están diciendo que se equivocan.
Después está Puiggrós, que salió hoy a bajarle el precio a la prueba, a decir que es "estrictamente cuantitativa" y que mide con la vara de la clase media. Algo de razón tiene: ninguna prueba estandarizada agota lo que un chico sabe o puede. Pero no me cierra usar esa crítica para no mirar el elefante en la habitación, como diría ella misma en otro momento. Se puede sostener las dos cosas a la vez: que PISA es limitada Y que el 76% sin nivel mínimo en Matemática es gravísimo.
Lo que no quiero que pase, una vez más, es que la conclusión que se saque de todo esto sea la de siempre: que la culpa es de la escuela, que la culpa es de los docentes, que hace falta más disciplina y más lectura en voz alta cronometrada. La culpa, si hay que buscarla, está en las políticas que se cortan cada cuatro años. En los planes de lectura que arrancan con entregas masivas de libros y después, con el cambio de gestión, se desfinancian o directamente desaparecen.
Si la lectura es un derecho, no puede depender de quién gane las elecciones. Tiene que ser una política de Estado, sostenida, con presupuesto, con libros llegando a las escuelas todos los años, no cuando alcanza.
Eso es lo que pienso hoy, con los números de PISA todavía frescos. Que seguimos discutiendo el termómetro en vez de discutir por qué no bajamos la fiebre.
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