La poesía es una mantita que te abriga por dentro

María José Ferrada es muy sencilla, habla lindo y muy chileno. El viernes 14 llevó a cabo un taller de poesia en el marco del Filbita en la librería Galerna de San Telmo.
Les comparto mis apuntes:
La poesía no sirve para nada, fue el primer concepto que tiró a los asistentes (todas mujeres menos un chico y la mayoría de provenían de talleres de escritura y solo unas pocas eran maestras) y después dijo que hay tan pocas cosas que no sirven que hay que cuidar eso.
La poesía te lleva a un lugar anterior a uno, a un lugar de tu cabeza que no sabemos que está ahí.
Sabemos que no todo lo podemos decir, que la palabra juega con el silencio. Y eso da como fruto un haiku.
Mostró un libro que se llama: La inocencia del haiku escrito por niños japoneses entre seis y doce años (les dejo unos que encontré). Explicó que el poeta mira con atención lo que ocurre, pone atención al mundo. Como el haiku da paso a la palabra y solo muestra lo que está viendo. Lo que al poeta le pasa no es importante. Que esas enseñanzas no solo lo llevan a la poesía si no que es una forma de relacionarse con el mundo. Me gustó mucho como puso en voz los poemas de los niños, con una cadencia muy propia. ¡Lástima que no grabé!
Y nos propuso llevar un cuaderno de mirar.
Luego desarrolló la idea de que si bien la poesía no sirve para nada, la mirada poética transforma el mundo en un lugar más amable para los niños, la poesía es como una mantita que te abriga por dentro.
Habló de Neruda, un poeta que a veces era como un niño deslumbrado, especialmente en las Odas elementales, y como en esas odas Neruda con absoluta libertad volvía a la infancia.
Habló de cómo mirar, de la atención, de forzar el ojo y de construir una mirada.
Habló de la necesidad de trabajar y hacer ejercicios y que no todo lo que uno escribe es publicable.
Nos habló de Neruda y de si alguna vez tenemos que comer solo una cebolla, luego de las odas de Neruda esa cebolla que es "la estrella de los pobres" va a ser más rica y sabrosa.
Nos hablo de Teillier y de como su poesía no va a cambiar al mundo ni terminar con la pobreza pero lo va a hacer más llevadero.
De los inventarios de Gómez de la Serna.
De atreverse y dejar la sensación de ridículo.
Pero eso sí revisar mucho nuestro laburo, pulirlo.
Mejor un libro bueno cada dos años que 20 malos por años.
Habló de que confía siempre en los editores, que mejor que ella van a encontrar un ilustrador que la acompañe. De la importancia de que el texto no se sienta avasallado por la imagen. Y que la clave de todo es buscar un buen editor. Que eso permite escribir con libertad confiando en la pericia del otro.
Que el editor decidirá para que edad, para que colección, etcétera.
Habló del trabajo con el silencio en la poesía y como ese silencio es completado por el lector.
Nos contó cómo con el Idioma secreto quiso atrapar los recuerdos luego de la muerte de su abuela.
De que muchas veces esos dolores personales se vuelven universales si uno puede mostrarlos con honestidad.
De tomar prestado de los niños esa forma libertaria de ver el mundo.
Su maestro Floridor Pérez decía que ella debía escribir una poesía que se deje leer por los niños.
De que ella escribe de lo que asombra su corazón.

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