Contra el bullying el arte
Es todo risas hasta que te enterás
que a tu hijita de 8 la bulean tres patoteritas de la misma edad al grito de
soy la mala de Soy Luna y salí en la tele porque me llamó igual que la mala de
Violeta.
Así te descubrís que un grupo de nenitas
de 8 rigen la moda del 3ero A (del 3 B también de paso) que hasta los varones
siguen los requerimientos fashion del
grupito, que los lunes se va de botas, que hay un día que se ponen anteojos
negros y que al que no va vestido bien no va los cumples y no es considerada
CHETA.
En medio del estupor tratamos de
entender bien qué pasa.
-Se terminó Violeta y hay una
serie nueva de Disney que, aunque las tengas prohibida en tu casa se filtra
igual.
-Que hay nenas que crecen tan
solas de adultos que piensan que la violencia es buena, que a la gente se le
mide por la ropa que tiene.
-Que los consumos culturales de la
infancia están de una desesperada decadencia.
La escuela es un lugar inhóspito para
los nenes al final.
El drama del Bullying, la
violencia, las amenazas, los zamarreos, “te voy a moler a palos”, “te voy a
cagar a trompadas”, “Quién sos vos”, “rubia teñida”, “cuatro ojos”. El insulto
y la voz impostada de las “malas” del curso.
Un grupo de nenas que decide andar
juntas para enfrentarlas.
Una maestra que decide armar el
acto del 25 de mayo con las “negras”, “las damas” y “las criollas”. ¡Y a qué no
saben quiénes hacen de negras y quiénes de damas!
Exacto.
-Má tengo que ir vestida de negra,
pero yo no soy racista. Y negro es un insulto.
Toda la explicación acerca de la
esclavitud. Caras de azoramiento.
Sí, claro. Los negros esclavos
lucharon por la Independencia al lado de los patriotas.
-Entonces si quiero ser negra.
Y en la reunión de padres escuchás
que el grupo de patoteritas que justo es dama antigua, obliga a las esclavas a
ordenarles las cosas, porque para eso están.
Mi asombro crece, hablo con la
mejor amiga de #hijade8. Ella me cuenta que está triste, que tiene que usar
gomitas de Todo Moda, que las otras se las tiran, que solo puede usar la remera
que le regalo su tía. Que la compañerita es millonaria y que tiene unas botas
que cuestan más que su departamento.
Todo esto ocurre en nuestras
narices.
Todo esto ocurre en medio de la
impunidad más absoluta.
Todo esto ocurre a nuestras
espaldas mientras planeamos las vacaciones de invierno y les organizamos los
cumpleaños con todos los “amiguitos”.
Al final los libros sobre Bullying
son así no más.
Los padres somos los últimos en
enterarnos.
Las docentes prefieren usar el “arréglense
entre ustedes”.
Y darle bola al tema es darle más
aire a algo y en realidad no son más que peleas de chicos.
El año pasado escribí para Barataria un
artículo donde compilaba libros que tratan del tema. Para preparar el artículo
leí mucha teoría. En todos los casos las conclusiones era la devastación que
sufrían las víctimas del acoso.
Pienso en los consumos culturales.
En la mayoría de mis charlas para docentes sobre la literatura y el arte
trabajamos el tema de la sutileza, de las marcas de lo sutil, del arte y el
impacto en la vida cotidiana.
La escuela de las chicas es una
escuela pública, de las mejores de la ciudad. Las nenas aprenden idiomas y a
partir de 4 grado una tercera lengua. Es la clase media la que está consumiendo
cultura basura. La que arrastra a la infancia a una suerte de pequeñas barbis
donde solo importa la marca de lo que tenés puesto, tener el pelo rubio y ser
millonario. Padres que son capaces de separar un viaje de egresados para que las
nenas les pinten la cara y vayan al boliche en Córdoba.
Y no, la vida no es eso. Pero siempre
está el arte que nos salva y la mirada atenta y la compañía.
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