Hay clases sociales, Media Vaca
Agradecemos a Media Vaca y a Joan Fernández Negroescolor por permitirnos compartir las imágenes.
En plena revolución bolchevique cuenta Trotsky que dos
intelectuales hablaban de la lucha de clases, le hicieron una pregunta a un
soldado muy joven y les respondió: "Es fácil, hay dos clases, está la burguesía y está el proletariado."
Casi 100 años después discutimos lo mismo.
Casi 100 años después nos vienen con la idea de que todos
nacemos iguales, que lo único que nos diferencia es que unos se esfuerzan más que otros y llegan a donde
los llevan sus sueños.
Debe ser que el 80% de los niños pobres en Argentina no se esfuerzan, ni ellos, ni sus padres, ni sus padres de sus padres. No se esforzó el bebé toba muerto por desnutrición en Salta en 2007, no se esfuerzan los niños en la Guajira, o el bebé que murió en el mar huyendo de la guerra. No es que les faltara comida, educación, salud o un mundo más justo. Les faltó emprendurismo y esfuerzo.
Debe ser que el 80% de los niños pobres en Argentina no se esfuerzan, ni ellos, ni sus padres, ni sus padres de sus padres. No se esforzó el bebé toba muerto por desnutrición en Salta en 2007, no se esfuerzan los niños en la Guajira, o el bebé que murió en el mar huyendo de la guerra. No es que les faltara comida, educación, salud o un mundo más justo. Les faltó emprendurismo y esfuerzo.
Pero a qué va todo esto. Además de posicionarnos en la vacía discusión
acerca de la meritocracia. Viene a cuento del relanzamiento por parte de la editorial Media Vaca, de la colección de Gaya Ciencia “Libros para mañana”.
“Los libros Cómo puede
ser la democracia, Así es la
dictadura, Hay clases sociales y Las mujeres y los hombres componen una
serie de cuatro títulos pensada para los lectores más jóvenes que fue publicada
entre los años 1977 y 1978 por la editorial barcelonesa La Gaya Ciencia. En
aquel momento hacía solamente un par de años que había muerto el dictador
Franco y el país vivía una etapa —la Transición— que traería los primeros
cambios democráticos.
Han pasado casi cuarenta años y consideramos que el espíritu
y la mayor parte de la letra de estos libros están completamente vigentes, por
lo que hemos decidido volver a editarlos con nuevas ilustraciones. De los
textos sólo se ha tocado alguna coma (por lo que no podemos decir que no se ha
tocado ni una coma), pero no se ha suprimido ni añadido nada a su contenido. En
lo esencial, las ideas y los comentarios son perfectamente válidos, lo mismo
que el test, que reproducimos también sin cambios y que invitamos a contestar a
todos los lectores. Únicamente hemos insertado, en las páginas finales, una
breve nota actualizando la información cuando nos ha parecido necesario.
La colección original se llamaba Libros para Mañana, y así
se sigue llamando esta nueva versión. Si podemos leer lo que dice el libro sin
que nos cause muchísima extrañeza es porque, al parecer, ese mañana todavía no
es hoy. Esperamos que ya no tarde.”[1]
Uno de ellos: Hay
clases sociales es uno de las mejores cosas que he leído en estos últimos
años. Será que tengo un enamoramiento singular con los libros informativos este
último tiempo. Que me parece que en una coyuntura como la actual libros que
ayuden a los niños a decodificar el mundo son fundamentales, sumado a la
certeza de que un libro como este no deja lugar a dudas que el mérito, la
búsqueda de la excelencia y las cualidades que muchos en la actualidad quieren
recalcar no son más que fruto de cientos de años de diferencias. Que si bien en Argentina la educación gratuita (que tenemos que defender a
rajatabla y con todo lo que esté a nuestro alcance) actua un poco como igualador, en Latinoamérica es aún más grave.
Pero les cuento de qué va: Existen dos clases, la burguesía y el proletariado.
“Después de leer este libro ya no podremos leer de la misma
manera las historias de príncipes y princesas. Y eso que aquí no se habla ni de
príncipes ni de princesas, sino de las desigualdades económicas que marcan la
vida de la gente.
Cuando se publicó por primera vez este libro, a finales de
los años setenta, muchas personas pensaban que las diferencias entre ricos y
pobres se reducirían y soñaban con un futuro igualitario. Por el contrario, en
los últimos años han aumentado esas diferencias. Hay quien posee coches
exageradamente lujosos, yates del tamaño de una casa y casas que parecen
palacios (¡y todo les parece pequeño!), mientras que otras muchas personas no
disponen de una vivienda digna y sufren enormes apuros para salir adelante.
¿Qué piensan de todo esto nuestros jóvenes lectores?”[2]
Y eso es de lo que va todo esto, lo fundamental, qué piensan de todo esto los jóvenes lectores. Los que construirán ese mañana.





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