Distopías, una secuencia didáctica
2+2=5. Distopías en
la ciencia ficción
Secuencia didáctica
Comenzamos la secuencia
observando el siguiente videoclip de Another brick on the Wall (Pink Floyd, TheWall).
<Arrancamos
viendo este videoclip para sacudir a los alumnos de la rutina, para romper el
aula como espacio ritual.>
Preguntamos a los alumnos acerca
de las sensaciones que les transmitió el video. Se espera que respondan
opresión, lástima por los niños, alienación, agobio, desesperanza. Esas son las
sensaciones específicas que transmiten las distopías. A partir de estas
sensaciones podremos realizar un análisis del género, de los recursos
narrativos, etc.
Adelantando una definición
Comenzamos adelantando una breve
definición acerca de las distopías: en las distopías la sociedad oprime al ser
humano.
Hablamos con los alumnos acerca
de que la literatura y la ciencia ficción en particular nos interpela sobre
nuestro presente. Son las condiciones actuales las que llaman poderosamente la
atención sobre el género.
Pensemos un poco la dirección que
está tomando el mundo en este momento, el triunfo de Donald Trump,
calentamiento global, migrantes y racismo, superpoblación, alimentos
transgénicos, satélites espías, drones, automatización que genera desempleo.
Concentrémonos en Trump, por
ejemplo, supongamos que me preocupa que se convierta en un dictador y nos lleve
a la tercera guerra mundial. ¿Cómo encaro este presente? ¿Cómo advierto a la
gente acerca de las horribles posibilidades de un nuevo Hitler?
Una
posibilidad es hacer una crónica detallada de la situación política actual,
otra es hacer un estudio histórico del surgimiento del nazismo, buscando las
raíces en la crisis del 29. También puedo escribir una novela distópica, donde
un don nadie se termina convirtiendo en dueño del mundo. Entonces, escribir
distopías es tener pesadillas, es ver ciertas tendencias en la sociedad y
extrapolarlas hacia un futuro. Pueden ser dos formas diferentes de pesadillas,
la primera es buscar lo que odiamos, lo que tememos y extrapolarlo, construir
una sociedad donde esa tendencia ganó, triunfó de manera rotunda.
Dos, y peor aún, como algunos
sueños que se convierten en pesadillas, buscar tendencias utópicas, mundos de
ensueño, y demostrar qué ocurriría si eso se transformara en realidad.
¿Qué es una distopía?
Para continuar proponemos a los
alumnos que busquen el término utopía en Wikipedia.
A partir de esta definición
podemos ver que el término distopía se construye como un antónimo de la palabra
utopía. Como un lugar donde la sociedad está organizada de forma en que oprime
y aliena al individuo. Siguiendo a Wikipedia, en la definición de distopía:
Se atribuye la primera utilización del término "distopía" que
existe documentada a John Stuart Mill, en un discurso de una intervención
parlamentaria en 1868.5 Si bien el término distopía estuvo relegado del Diccionario
de la Real Academia Española fue añadido por uno de sus académicos quién
describe la distopía como:
«(...) representación imaginaria de una sociedad futura con
características negativas que son las causantes de alienación moral». José
María Merino.
Desde su concepción entonces, la
distopía está relacionada con el concepto de totalitarismo, es decir la
opresión completa del estado sobre el individuo. El concepto es propio de las
Ciencias Sociales y se utilizó para definir a los regímenes de Hitler (Alemania
nazi) y Stalin (Unión Soviética). Podemos relacionarlo con los contenidos de
las materia Historia. Los regímenes totalitarios tienen como características un
Estado que gobierna sin democracia, se persigue a la oposición, y se ejerce la
censura, la represión y la cárcel a los opositores.
Las distopías nos muestran un
costado aún más oscuro de la sociedad, la naturalización de las cadenas, es
decir, el hombre convirtiéndose en su propio opresor. Sin embargo, las peores
pesadillas distópicas son aquellas en las cuales los individuos no son capaces
de ver la opresión del sistema, que se presenta como una sociedad ideal.
Los clásicos
La utopía y su opuesto la
distopía se utilizaron en muchas oportunidades como forma de crítica social,
sin embargo, fue necesaria la Revolución Industrial y la materialización de sus
efectos negativos a gran escala (La primera guerra Mundial, la Crisis del 29 y
la Segunda Guerra Mundial) para que surgieran distopías de ciencia ficción y se
construyera el género.
Como corpus primario hemos
elegido las tres más representativas junto con la novela que podría ser
considerada la obra primigenia. Ellas constituyen el núcleo clásico del género:
Es conveniente para la secuencia
que los alumnos lean todas o algunas de estas novelas. Nosotros está disponible en PDF para su descarga libre, las demás
han sido distribuidas por el Estado y se encuentran en la mayoría de las
bibliotecas públicas. A continuación, elaboramos un breve resumen de cada una.
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| Zamiatin |
Nosotros[1]
(1922) fue escrita por Yevgueny Zamiatin, un ingeniero naval soviético que
rompió con la Revolución Rusa y se fue a Inglaterra. Plantea una sociedad donde
los individuos están completamente uniformizados, y el Estado vigila todas sus
actividades, al punto en que todos los edificios son de vidrio y se necesita un
bono autorizado por el Estado para cerrar las cortinas y tener un encuentro
sexual. Los individuos tienen asignado una letra y un número (las vocales para
las mujeres). Toda posibilidad de emoción o libertad está prohibida, el orden
se considera necesario para la felicidad común.

Un mundo feliz[2]
(1932) fue escrita por Aldous Huxley. Plantea un Estado que fabrica a los
individuos según las necesidades del Estado y la economía, separándolos en seis
clases (Alfa a épsilon) condicionándolos y drogándolos para que sean felices.
Cada individuo tiene asignada una función. Existen Reservas donde viven hombres
primitivos, en estado bestial. Un mundo feliz se convirtió en ejemplo del
control de masas mediante el condicionamiento. 
1984[3]
(1948) de George Orwell. Describe un Estado completamente totalitario, que
espía a los ciudadanos mediante los televisores que bombardean constantemente
con propaganda sobre el Gran Hermano. Sus lemas son "Guerra es Paz,
Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza". El mundo se divide en tres
grandes bloques: Oceanía, gobernada por el IngSoc (Socialismo Inglés), Eurasia
y Asia Oriental. 1984 se ha convertido en parte constituyente de nuestra
cultura, es uno de esos libros más mencionados que leído. Es el ejemplo del
estado represivo y totalitario.
Fahrenheit 451[4]
(1952) escrito por Ray Bradbury. Su título hace referencia a la temperatura a
la que arde el papel, ya que su protagonista es un bombero, que esa sociedad se
dedica a quemar los libros que la gente tiene escondidos. Pero son pocos los
que llegan a este extremo. Aquí el control del Estado se realiza exacerbando la
ignorancia del pueblo, mediante la televisión, y unos aparatitos de radio que
permiten a la gente estar constantemente conectados con sus “familias
virtuales”, muy similares a nuestros celulares y redes sociales.
Los protagonistas de las distopías
Las sociedades distópicas pueden
estar rígidamente estratificadas; como en Un
mundo feliz, (desde los alfa más a los épsilon), dividirse en tres como en 1984 (Dirigentes, masa y clase media), o
tender a la mayor uniformidad posible como en Nosotros (los números) y Fahrenheit
451.
El protagonista de las distopías
comienza problematizando la sociedad en que vive. Luego de haber superado sus
condicionamientos se vuelve crítico y termina enfrentándose al Estado y su brazo
represivo. La resolución del conflicto se lleva adelante como un enfrentamiento
discursivo con antagonista, previo o simultáneo a la acción final.
En Fahrenheit 451 Montag forma parte de las fuerzas del orden. En 1984 Winston forma parte de la pequeña clase
media empobrecida que trabaja para el Estado. En Un mundo feliz, El Salvaje proviene de las afueras de la sociedad,
es el único que logra criticarla. Bernard, el alfa que lo trae a la
civilización es un inconformista, pero no logra salir de sus condicionamientos
para realizar una crítica, por ello el sistema logra ofrecerle un lugar donde
será feliz en Islandia. En Nosotros,
D-503 es un ciudadano destacado, es el encargado de construir el primer cohete
espacial.
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| Clarisse y Montag |
Desde una perspectiva de género,
vemos que todos los protagonistas son masculinos: D-503, El Salvaje, Winston,
Montag. Sin embargo, es una mujer la que actúa como catalizador, como
incentivadora del pecado de la crítica. Respectivamente: I-330, Lenina, Julia,
Clarisse actúan como el incentivo para que los protagonistas se replanteen y
critiquen la sociedad en la que viven.
Los antagonistas de las distopías
son los representantes del orden instituido. Suelen formar parte de los órganos
represivos del Estado. Respectivamente: S, Mustafá Mond, O´Brien y Beatty.
Antes o durante la confrontación final, protagonista y antagonista realizan un
duelo verbal donde se discute las ventajas de la sociedad
Características de las distopías
En las distopías se plantean
algunas contradicciones que son claves en la construcción del género.
Oposición Estado/individuo
Es la más clara de las
polarizaciones, en toda distopía el Estado prima sobre el individuo, el bien
común justifica la destrucción de los derechos individuales. Esa tensión es más
clara en Nosotros: “El estado tiene
derechos, los individuos tienen deberes”.
En las distopías clásicas, la
propiedad privada casi no existe, todo es del Estado, incluso los bienes de
consumo más comunes como las viviendas y la ropa. La comida es proporcionada
por el Estado, ya sea en forma abundante, como en Un mundo feliz o Nosotros,
o en mínimas raciones como en 1984.
En Fahrenheit la opresión del Estado
es disimulada, existe una guerra a la cual los hombres son llamados. También
están los bomberos que queman los libros, pero el papel rector de la sociedad
lo lleva adelante la ignorancia del pueblo. La postura de Bradbury es
terminante, los individuos eligen la televisión, el entretenimiento antes que
la verdad y la felicidad.
En términos sociológicos, los
aparatos del Estado descriptos por Althusser superan la capacidad de
resistencia gramsciana de la sociedad.
Oposición Bien común/Libertad
La justificación de la opresión
del Estado es la felicidad de los ciudadanos, pero para garantizar la felicidad
de todos, es necesario restringir la libertad de los individuos. Para evitar el
delito, se prohíbe circular por las noches, en todas las novelas. La felicidad
requiere el ordenamiento de la vida social, y por lo tanto la pérdida de las
libertades individuales. Libertad de acción, de discurso y hasta de
pensamiento. El extremo es la frase que Winston escribe en su diario: “la
libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro”. Luego Winston es
torturado hasta admitir que 2+2=5.
Oposición Ciudad/Naturaleza
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| Winston escondido. |
La ciudad, no caótica, sino
ordenadamente construida por el Estado, regula la vida cotidiana de los
individuos. Traza fronteras entre las clases (Un mundo feliz, 1984) o uniformiza a todos (los edificios
transparentes de Nosotros). Frente a
ese orden, la naturaleza aparece como un espacio de libertad y resistencia. En Nosotros se describe el pueblo que
habita detrás del Muro Verde, en Un mundo
Feliz es la vida salvaje (aunque el enorme pesimismo de Huxley le reserve
un trágico final al Salvaje), en 1984
es el refugio del amor entre Winston y Julia y en Fahrenheit es el refugio de quienes recuerdan a los libros, quienes
serán los únicos sobrevivientes del holocausto nuclear en que termina el libro.
La arquitectura de control se introduce en la vida cotidiana de los individuos,
regulando su vida privada. En Nosotros como ya fue mencionado, los edificios
tienen paredes transparentes y los individuos viven en un solo ambiente donde
duermen, todos amoblados iguales. En 1984,
en forma similar, las habitaciones de un ambiente tienen un enorme televisor
que sirve para espiar a los ciudadanos, Winston encuentra un rincón que lo
oculta para escapar de la vigilancia. En Un
mundo feliz, los ciudadanos Alfa disfrutan de todos los lujos. En Fahrenheit las casas son muy similares,
en este caso el espacio privado está colonizado por la omnipresencia de la
televisión. La esposa de Montag tiene tres paredes televisor y ruega por la
cuarta. Al dormitorio la acompaña su radio inalámbrica. A continuación, un
ejemplo del impacto de una sociedad distópica sobre la urbanización:
“Al otro lado de la calle, hacia
abajo, las casas se erguían con sus lisas fachadas. ¿Qué había dicho Clarisse
una tarde? «Nada de porches delanteros. Mi tío dice que antes solía haberlos. Y
la gente, a veces, se sentaba por las noches en ellos, charlando cuando así lo
deseaba, meciéndose y guardando silencio cuando no quería hablar. Otras veces
permanecían allí sentados, meditando sobre las cosas. Mi tío dice que los
arquitectos prescindieron de los porches frontales porque estéticamente no
resultaban. Pero mi tío asegura que éste fue sólo un pretexto. El verdadero
motivo, el motivo oculto, pudiera ser que no querían que la gente se sentara de
esta manera, sin hacer nada, meciéndose y hablando. Éste era el aspecto malo de
la vida social. La gente hablaba demasiado. Y tenía tiempo para pensar.
Entonces, eliminaron los porches. Y también los jardines. Ya no más jardines
donde poder acomodarse. Y fíjese en el mobiliario. Ya no hay mecedoras.
Resultan demasiado cómodas. Lo que conviene es que la gente se levante y ande
por ahí.” [5]
Oposición Norma/instinto
Todas las distopías ahogan la
individualidad, el Estado regula todos los comportamientos, incluyendo sobre
todo, los comportamientos sexuales, considerados como instintivos, caóticos o
primitivos.
En Nosotros las emociones, los instintos están prohibidos. Lo sexual
se regula a partir de garantizar a cualquier individuo el acceso a un compañero
sexual mediante vales del Estado. En Un
mundo feliz, el comportamiento sexual exclusivo es visto como patológico y
se educa a los niños a naturalizar el compartir las parejas sexuales. El sexo
libre es una estrategia de control social. Por supuesto, dentro de los límites
de las castas. En 1984 están
completamente desalentadas y son reprimidas. En Fahrenheit 451 las relaciones sexuales no están reguladas, sin
embargo, se subsumen en la banalización completa de los individuos, focalizada
su comunicación hacia la televisión y la Familia Virtual las parejas son
efímeras y sin pasión.
Todas estas oposiciones terminan
alienando al individuo, prohibiéndole ser. No se trata de prohibir una cosa o
la otra, se trata de un control total de la conducta humana, gracias al
condicionamiento educativo o la amenaza de la represión. La mayoría de la
sociedad acepta (gustosa o a regañadientes) el estado totalitario. O, lo que es
más terrible, la incomunicación, el estado de sospecha constante en que están
los individuos les impide comunicarse libremente entre ellos y organizar la
resistencia.
La religión
En las distopías clásicas, la
religión se encuentra subsumida al Estado. En Nosotros los ciudadanos participan de una ceremonia que celebra la
uniformidad, una suerte de rito de alabanza que implica el sacrificio de los
disidentes. En Un mundo feliz, los
ciudadanos honrar a Henry Ford como el primer profeta de la era de la
productividad. En 1984 el Gran
Hermano es alabado con fervor religioso durante la Ceremonia del odio. En Fahrenheit 451 el culto es a la
televisión.
Ciencia ficción y distopías: Extrapolación, nuevas tecnologías y
tendencias sociales
La extrapolación es uno de los
sellos característicos de la ciencia ficción, es lo que le otorga su potencia
literaria y narrativa. Un escritor de ciencia ficción no se pregunta a qué
punto pueden llegar dos jóvenes enamorados con familias enfrentadas. Se
preguntaría, por ejemplo, cómo podrían amarse dos jóvenes si uno viviera en la
Tierra y el otro en Marte teniendo en cuenta que el que vive en Marte no puede
volver a la Tierra porque su cuerpo está condicionado para vivir en bajas
gravedades. O siendo aún más radical, es posible el amor entre dos individuos
de especies distintas, puede un ser humano enamorarse de un marciano.
Esta extrapolación suele tener de
base la exploración de una tecnología disponible actualmente, o más
exactamente, que sea posible en algún momento. Es decir, que la ciencia ficción
hace posible lo irreal basándose en la tecnología. Ahora, una tecnología en si
misma no es buena ni mala, no implica una mejora o un empeoramiento de la
sociedad, el asunto se encuentra en su aplicación, en los efectos sociales que
la tecnología provoca.
Proponemos como ejercicio a
los alumnos que piensen en el automóvil.
Vivimos en la sociedad del
automóvil: ¿quiénes han venido hasta acá caminando? El resto utilizó alguna
variante de automóvil. Sin embargo, la tecnología no obliga a usar el automóvil
de cuatro asientos con un dueño, no obliga a manejar al hombre ni a que la
mujer sea la acompañante. Pensemos otras posibilidades:
Yo puedo decir una con raigambre
distópica:
Un sistema de transporte estatal
con sube, pero que la sube sólo sirva para viajar a los destinos que el
individuo tenga permitidos, como decía la vieja frase “del trabajo a casa y de
casa al trabajo” así el Estado podría controlar a los individuos. Con respecto
a motos y autos particulares, el Estado puede prohibirlos escudándose en el
enorme número de accidentes y el costo que ello implica.
Pongo de ejemplo al auto porque
lo hemos naturalizado, no pensamos en él como algo extraño. Y lo más importante
de la ciencia ficción, y por lo tanto de las distopías es que permiten
desnaturalizar las sociedades, permiten extrañar lo cotidiano, por eso muchas
veces generan inquietud en el lector, que se disfraza con la frase: “esto es
muy fantasioso”.
Ahora vayamos a lo obvio o mejor
dicho, a lo que todavía no hemos naturalizado: las TICs.
¿Cómo han cambiado nuestras vidas
los celulares y las computadoras? ¿Cómo hacían antes para dar estas charlas sin
proyector ni internet?
Ahora vayamos un paso más allá,
pensemos como escritores de ciencia ficción. ¿Cómo podrían afectar en un futuro
la masificación y la virtualización completa de nuestras relaciones sociales? Y
pensando en términos distópicos, ¿cómo podría el Estado utilizar esa
masificación para controlar a la sociedad?
Ideas para distopías
Proponemos a los alumnos que
piensen más ejemplos a partir de estas ideas:
Las impresoras 3D, ya existen en
internet los planos que permiten construir armas caseras con impresoras 3D.
¿Cómo sería una sociedad donde todos pudieran construirse sus propias armas sin
forma de identificarlas? ¿O una sociedad donde las impresoras 3D estuvieran al
alcance de la mano pero estuvieran prohibidas por el Estado?
Drones ilegales, drones
traficantes, drones asesinos, drones policías, drones espías.
Perfiles psicológicos de
comportamiento en redes sociales.
Tarea
Leer el cuento “El
peatón” de Ray Bradbury, que puede conseguirse en la mayoría de las bibliotecas
de las escuelas. Luego responder las siguientes consignas.
·
¿Qué emociones te ha suscitado la lectura de
este cuento?
·
¿Qué tecnología ha cambiado la vida de esta
sociedad?
·
¿Qué tendencia actual ha extrapolado el autor?
·
¿Qué elementos distópicos aparecen en el
texto?
Consideraciones sobre
las consignas
Comenzamos preguntando por las emociones y sensaciones que
despierta el texto, esto incentiva la
participación de los alumnos ya que no
están presionados para contestar en forma correcta o incorrecta. Las emociones
que suscita el cuento varían entre la soledad, la melancolía y luego, al
aparecer el patrullero, de miedo e impotencia. Aquí se puede plantear el corte,
cuando el relato termina de convertirse en distopía, la aparición del
patrullero corresponde con la aparición del Estado. El peatón es detenido por
caminar, su conducta solitaria se aparta de la norma y es castigada, refuerza
la sensación el hecho de que no es llevado a una comisaría, no se lo va a
juzgar, sino que se lo lleva a un hospital psiquiátrico. Aunque el autor ha
extrapolado la tendencia a la televisión de masas, es probable que los alumnos
también lo asocien con las redes sociales y la tendencia a las maratones de
series.
Recorrido por las
distopías.
Comenzamos con una pregunta:
¿Todas las obras donde el futuro
es negativo pueden ser consideradas distopías? Como toda discusión sobre los
géneros en principio es bizantina, si sirve para atraer a los alumnos a un
libro, para hacerlos leer, o para que repiensen las obras que ya leyeron vale
la pena considerarlas. Sin embargo, podríamos considerar que sólo son distopías
las obras donde el Estado aliena al individuo, dejando de lado en principio la
ciencia ficción postapocalíptica y la literatura sobre zombies.
Para profundizar en la
comprensión de las distopías, proponemos a los alumnos dividirse en pequeños
grupos y leer los fragmentos que aparecen a continuación. Luego de comentarlos
en el grupo les pedimos que seleccionen y lean en voz alta el párrafo que a su
entender expresa alguna de las características de las distopías ya mencionadas.
Nosotros
“Seguramente
ustedes se quedarán exhaustos al recorrer las páginas de la guía-itinerario. La
Tabla de las Leyes de horas, sin embargo, convierte a cada uno de nosotros en
el héroe de acero de seis ruedas, en el héroe del gran Poema. Cada mañana,
nosotros, una legión de millones, nos levantamos como un solo hombre, todos a
una misma hora, a un mismo minuto. Y a un mismo tiempo, todos, como un ejército
de millones, comenzamos nuestro trabajo y al mismo instante lo acabamos.
Y así,
fusionados, en un solo cuerpo de millones de manos, llevamos todos al unísono,
en un segundo determinado por la Tabla de las Leyes, la cuchara a los labios, y
al mismo segundo paseamos, nos reunimos en torno a los ejercicios de Taylor en
los auditorios y nos acostamos...
Quiero ser
absolutamente sincero: la solución absoluta, definitiva, del problema dicha, es
decir, de la felicidad no la hemos hallado aún: dos veces por día, de las 16 a
las 17 horas y de las 21 hasta las 22 horas, el gigantesco organismo se divide
en células individuales... Éstas son las horas fijadas por la Tabla de las
Leyes para el asueto personal, las horas personales. Durante estas horas usted
podrá observar el siguiente panorama: unos están sentados en sus habitaciones,
detrás de las cortinas cerradas, otros pasean al compás metálico de la marcha
por las avenidas y otros aún están detrás de sus escritos, como yo en estos
instantes. Pero creo..., no importa que me llamen un idealista o un fantasioso;
creo firmemente que cierto día, tarde o temprano, hallaremos también un lugar
para estas horas en la fórmula general, y que entonces la Tabla de las Leyes
abarcará la totalidad de los 86.400 segundos del día.
He leído y
oído muchas cosas inverosímiles de aquellos tiempos en que los hombres, todavía
en libertad, vivían sin estar organizados, como los salvajes. Pero siempre me
resultó incomprensible que el Estado, por imperfecto que fuese, pudiera tolerar
que las gentes viviesen sin unas leyes comparables a las de nuestra Tabla de
las Leyes: sin unos paseos obligatorios, sin unas horas de comida exactamente
fijadas; que se levantaran y se acostasen cuando quisieran; algunos
historiadores cuentan, incluso, que entonces las farolas permanecían encendidas
en las calles durante toda la noche y que las gentes merodeaban por la ciudad
hasta que se cansaban.”
*
* *
Veo cómo
todos votan al Protector y todos los demás pueden mirar cómo emito mi voto al
Protector, pues todos, ellos y yo, constituimos ese gran «nosotros». Nuestros
métodos de elección educan al hombre para un criterio honesto y noble, son
mucho más sinceros que aquel método misterioso, cobarde e hipócrita de antaño.
Supongamos por ejemplo que sucediera lo imposible y que un tono falso se
introdujera a escondidas en la monotonía.
Los
Protectores invisibles, que se hallan diseminados, sentados entre nuestras
filas, se darían cuenta y detendrían a los números descarriados; éste es el
modo de protegerles de otras nuevas faltas.
*
* *
Y
simbólicamente le acompañaba, mirando sobre las multitudes congregadas, las
líneas punteadas de las tribunas concéntricamente dispuestas, que con sus
círculos parecían una telaraña monstruosamente grande. En el centro de cada
telaraña se posaría en seguida una araña blanca y sabia, el Protector, ataviado
de su uniforme blanco: el Protector que nos ha atado de pies y de manos con
toda su sabiduría, utilizando los hilos irrompibles y resistentes de la
felicidad.
Un mundo feliz
En la
excitación que le producía el hecho de conocer a un hombre que había leído a
Shakespeare, había olvidado momentáneamente todo lo demás.
El Interventor
se encogió de hombros.
—Porque es
antiguo; ésta es la razón principal. Aquí las cosas antiguas no nos son útiles.
—¿Aunque sean
bellas?
—Especialmente
cuando son bellas. La belleza ejerce una atracción, y nosotros no queremos que
la gente se sienta atraída por cosas antiguas. Queremos que les gusten las
nuevas.
—¡Pero si las
nuevas son horribles, estúpidas! ¡Esas películas en las que sólo salen
helicópteros y el público siente cómo los actores se besan! —John hizo una
mueca—. ¡Cabrones y monos! Sólo en estas palabras de Otelo encontraba el
vehículo adecuado para expresar su desprecio y su odio.
—En todo
caso, animales inofensivos —murmuró el Interventor, a modo de paréntesis.
—¿Por qué, en
lugar de esto, no les permite leer Otelo?
—Ya se lo he
dicho: es antiguo. Además, no lo entenderían.
Sí, esto era
cierto. John recordó cómo se había reído Helmholtz ante la lectura de Romeo y
Julieta.
—Bueno, pues
entonces —dijo tras una pausa—, algo nuevo que sea por el estilo de Otelo y que
ellos puedan comprender.
—Esto es lo
que todos hemos estado deseando escribir —dijo Helmholtz, rompiendo su
prolongado silencio.
—Y esto es lo
que ustedes nunca escribirán —dijo el Interventor—. Porque si fuese algo
parecido a Otelo, nadie lo entendería, por más nuevo que fuese. Y si fuese
nuevo, no podría parecerse a Otelo.
—¿Por qué no?
—Sí, ¿por qué
no? —repitió Helmholtz.
También él
olvidaba las desagradables realidades de la situación. Lívido de ansiedad y de
miedo, sólo Bernard las recordaba; pero los demás le ignoraban.
—¿Por qué no?
—Porque
nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero;
y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo
es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no
puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme la
muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no
hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están
condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben
obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja
por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje.
¡La libertad!
—El Interventor soltó una carcajada—. ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo
que es la libertad! ¡Y que puedan entender Otelo! Pero, ¡muchacho!
El Salvaje
guardó silencio un momento.
—Sin embargo
—insistió obstinadamente—, Otelo es bueno, Otelo es mejor que esos filmes del
sensorama.
—Claro que sí
—convino el Interventor—. Pero éste es el precio que debemos pagar por la
estabilidad. Hay que elegir entre la felicidad y lo que la gente llamaba arte
puro. Nosotros hemos sacrificado el arte puro. Y en su lugar hemos puesto el
sensorama y el órgano de perfumes.
—Pero no
tienen ningún mensaje.
—El mensaje
de lo que son; el mensaje de una gran cantidad de sensaciones agradables para
el público.
—Los
argumentos han sido escritos por algún idiota.
El
Interventor se echó a reír.
—No es usted
muy amable con su amigo Mr. Watson, uno de nuestros más distinguidos ingenieros
de emociones.
—Tiene toda
la razón —dijo Helmholtz, sombríamente—. Porque todo esto son idioteces.
Escribir cuando no se tiene nada que decir...
—Exacto. Pero
ello exige un ingenio enorme. Usted logra fabricar coches con un mínimo de
acero, obras de arte a base de poco más que puras sensaciones.
El Salvaje
movió la cabeza.
—A mí todo
esto me parece horrendo.
—Claro que lo
es. La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las
compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es,
ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de
todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el
pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una
duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
*
* *
—La población
óptima —dijo Mustafá Mond— es la que se parece a los icebergs: ocho novenas
partes por debajo de la línea de flotación, y una novena parte por encima.
—¿Y son
felices los que se encuentran por debajo de la línea de flotación?
—Más felices
que los que se encuentran por encima de ella. Más felices que sus dos amigos,
por ejemplo.
Y señalo a
Helmholtz y a Bernard.
—¿A pesar de
su horrible trabajo?
—¿Horrible? A
ellos no se lo parece. Al contrario, les gusta. Es ligero, sencillo, infantil.
Siete horas y media de trabajo suave, que no agota, y después la ración de
soma, los juegos, la copulación sin restricciones y el sensorama. ¿Qué más
pueden pedir? Sí, ciertamente —agregó—, pueden pedir menos horas de trabajo. Y,
desde luego, podríamos concedérselo. Técnicamente, sería muy fácil reducir la
jornada de los trabajadores de castas inferiores a tres o cuatro horas. Pero
¿serían más felices así? No, no lo serían. El experimento se llevó a cabo hace
más de siglo y medio. En toda Irlanda se implantó la jornada de cuatro horas.
¿Cuál fue el resultado? Inquietud y un gran aumento en el consumo de soma;nada
más. Aquellas tres horas y media extras de ocio no resultaron, ni mucho menos,
una fuente de felicidad; la gente se sentía inducida a tomarse vacaciones para
librarse de ellas. La Oficina de Inventos está atestada de planes para
implantar métodos de reducción y ahorro de trabajo.
1984
Winston pensó
un poco y respondió: —Haciéndole sufrir.
—Exactamente.
Haciéndole sufrir. No basta con la obediencia. Si no sufre, ¿cómo vas a estar
seguro de que obedece tu voluntad y no la suya propia? El poder radica en
infligir dolor y humillación. El poder está en la facultad de hacer pedazos los
espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti.
¿Empiezas a ver qué clase de mundo estamos creando? Es lo contrario,
exactamente lo contrario de esas estúpidas utopías hedonistas que imaginaron
los antiguos reformadores. Un mundo de miedo, de ración y de tormento, un mundo
de pisotear y ser pisoteado, un mundo que se hará cada día más despiadado. El
progreso de nuestro mundo será la consecución de más dolor. Las antiguas
civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se
funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia,
el triunfo y el autorebajamiento. Todo lo demás lo destruiremos, todo. Ya
estamos suprimiendo los hábitos mentales que han sobrevivido de antes de la
Revolución. Hemos cortado los vínculos que unían al hijo con el padre, un
hombre con otro y al hombre con la mujer. Nadie se fía ya de su esposa, de su
hijo ni de un amigo. Pero en el futuro no habrá ya esposas ni amigos. Los niños
se les quitarán a las madres al nacer, como se les quitan los huevos a la
gallina cuando los pone. El instinto sexual será arrancado donde persista. La
procreación consistirá en una formalidad anual como la renovación de la
cartilla de racionamiento. Suprimiremos el orgasmo. Nuestros neurólogos
trabajan en ello. No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se
debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa,
excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni
literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad.
Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston,
siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente
y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la
sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de
cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano...
incesantemente.
Se calló,
como si esperase a que Winston le hablara. Pero éste se encogía más aún. No se
le ocurría nada. Parecía helársele el corazón. O'Brien prosiguió:
—Recuerda que
es para siempre. Siempre estará ahí la cara que ha de ser pisoteada. El hereje
el enemigo de la sociedad, estarán siempre a mano para que puedan ser
derrotados y humillados una y otra vez. Todo lo que tú has sufrido desde que
estás en nuestras manos, todo eso continuará sin cesar. El espionaje, las
traiciones, las detenciones, las torturas, las ejecuciones y las desapariciones
se producirán continuamente. Será un mundo de terror a la vez que un mundo
triunfal. Mientras más poderoso sea el Partido, menos tolerante será. A una
oposición más débil corresponderá un despotismo más implacable. Goldstein y sus
herejías vivirán siempre. Cada día, a cada momento, serán derrotados,
desacreditados, ridiculizados, les escupiremos encima, y, sin embargo, sobrevivirán
siempre. Este drama que yo he representado contigo durante siete años volverá a
ponerse en escena una y otra vez, generación tras generación, cada vez en forma
más sutil. Siempre tendremos al hereje a nuestro albedrío, chillando de dolor,
destrozado, despreciable y, al final, totalmente arrepentido, salvado de sus
errores y arrastrándose a nuestros pies por su propia voluntad. Ése es el mundo
que estamos preparando, Winston. Un mundo de victoria tras victoria, de
triunfos sin fin, una presión constante sobre el nervio del poder. Ya veo que
empiezas a darte cuenta de cómo será ese mundo. Pero acabarás haciendo más que
comprenderlo. Lo aceptarás, lo acogerás encantado, te convertirás en parte de
él.
Winston había
recobrado suficiente energía para hablar: —¡No podréis conseguirlo! —dijo
débilmente.
—¿Qué has
querido decir con esas palabras, Winston?
—No podréis
crear un mundo como el que has descrito. Eso es un sueño, un imposible
—¿Por qué?
—Es imposible
fundar una civilización sobre el miedo, el odio y la crueldad. No perduraría.
—¿Por qué no?
—No tendría
vitalidad. Se desintegraría, se suicidaría.
—No seas
tonto. Estás bajo la impresión de que el odio es más agotador que el amor. ¿Por
qué va a serio? Y si lo fuera, ¿qué diferencia habría? Supón que preferimos
gastarnos más pronto. Supón que aceleramos el tempo de la vida humana de modo
que los hombres sean seniles a los treinta años. ¿Qué importaría? ¿No
comprendes que la muerte del individuo no es la muerte? El Partido es inmortal.
Como de
costumbre, la voz había vencido a Winston. Además, temía éste que si persistía
su desacuerdo con O'Brien, se moviera de nuevo la aguja. Sin embargo, no podía
estarse callado.
Apagadamente,
sin argumentos, sin nada en que apoyarse excepto el inarticulado horror que le producía
lo que había dicho O'Brien, volvió al ataque.
—No sé, no me
importa. De un modo o de otro, fracasaréis. Algo os derrotará. La vida os
derrotará.
—Nosotros,
Winston, controlamos la vida en todos sus niveles. Te figuras que existe algo
llamado la naturaleza humana, que se irritará por lo que hacemos y se volverá
contra nosotros. Pero no olvides que nosotros creamos la naturaleza humana. Los
hombres son infinitamente maleables. O quizás hayas vuelto a tu antigua idea de
que los proletarios o los esclavos se levantarán contra nosotros y nos
derribarán. Desecha esa idea. Están indefensos, como animales. La Humanidad es
el Partido. Los otros están fuera, son insignificantes.
—No me
importa. Al final, os vencerán. Antes o después os verán como sois, y entonces
os despedazarán.
—No. Es lo
que creo. Sé que fracasaréis. Hay algo en el universo —no sé lo que es: algún
espíritu, algún principio contra lo que no podréis.
—¿Acaso crees
en Dios, Winston?
—No.
—Entonces,
¿qué principio es ese que ha de vencernos?
—No sé. El
espíritu del Hombre.
—¿Y te
consideras tú un hombre?
—Sí.
—Si tú eres
un hombre, Winston, es que eres el último. Tu especie se ha extinguido; nosotros
somos los herederos. ¿Te das cuenta de que estás solo, absolutamente solo? Te
encuentras fuera de la historia, no existes. —Cambió de tono y de actitud y
dijo con dureza— ¿Te consideras moralmente superior a nosotros por nuestras
mentiras y nuestra crueldad?
* * *
Contempló el
enorme rostro. Le había costado cuarenta años saber qué clase de sonrisa era
aquella oculta bajo el bigote negro. ¡Qué cruel e inútil incomprensión! ¡Qué
tozudez la suya exilándose a sí mismo de aquel corazón amante! Dos lágrimas,
perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba
arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había
vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano.
Fahrenheit 451
Constituía un
placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y
cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella
gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre
le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando
todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y
ruinas de la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el número
451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama
anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador
y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del
atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un
enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego,
empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a
palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que
los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran
aventados por un aire que el incendio ennegrecía.
Montag mostró
la fiera sonrisa que hubiera mostrado cualquier hombre burlado y rechazado por
las llamas. Sabía que, cuando regresase al cuartel de bomberos, se miraría
pestañeando en el espejo: su rostro sería el de un negro de opereta, tiznado
con corcho ahumado.
*
* *
Beatty tardó
un minuto en acomodarse y meditar sobre lo que quería decir. —Me preguntarás,
¿cuándo empezó nuestra labor, cómo fue implantada, dónde, cómo? Bueno, yo diría
que, en realidad, se inició aproximadamente con el acontecimiento llamado la
Guerra Civil. Pese a que nuestros reglamentos afirman que fue fundada antes. En
realidad es que no anduvimos muy bien hasta que la fotografía se implantó. Después
las películas, a principios del siglo XX. Radio. Televisión. Las cosas
empezaron a adquirir masa. Montag permaneció sentado en la cama, inmóvil. —Y
como tenían masa, se hicieron más sencillas —prosiguió diciendo Beatty—. En
cierta época, los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier.
Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero, luego, el mundo se
llenó de ojos, de codos Y bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y
radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de
vulgar uniformidad. ¿Me sigues? —Creo que sí. Beatty contempló la bocanada de
humo que acababa de lanzar. —Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus
caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el
siglo XX, acelera la cámara. Los más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se
reduce a la anécdota, al final brusco. —Brusco final —dijo Mildred, asintiendo.
—Los clásicos
reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a
reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o
doce líneas en un diccionario. Claro está, exagero. Los diccionarios únicamente
servían para buscar referencias. Pero eran muchos los que sólo sabían de Hamlet
(estoy seguro de que conocerás el título, Montag. Es probable que, para usted,
sólo constituya una especie de rumor, Mrs. Montag), sólo sabían, como digo, de
Hamlet lo que había en una condensación de una página en un libro que afirmaba:
Ahora, podrá leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus
vecinos. ¿Te das cuenta? Salir de la guardería infantil para ir a la
Universidad y regresar a la guardería. Ésta ha sido la formación intelectual
durante los últimos cinco siglos o más. Mildred se levantó y empezó a andar por
la habitación, cogía objetos y los volvía a dejar. Beatty la ignoró y siguió
hablando.
—Acelera la
proyección, Montag, aprisa, ¿Clic? ¿Película? Mira, Ojo, Ahora, Adelante, Aquí,
Allí, Aprisa, Ritmo, Arriba, Abajo, Dentro, Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué,
Dónde, ¿Eh?, ¡Oh ¡Bang!, ¡Zas!, Golpe, Bing, Bong, ¡Bum! Selecciones de
selecciones. ¿Política? ¡Una columna, dos frases, un titular! Luego, en pleno
aire, todo desaparece. La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos de los
editores, explotadores, locutores, que la fuerza centrífuga elimina todo
pensamiento innecesario, origen de una pérdida de tiempo.
—A la gente
de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente
incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. Escribe un libro sobre el
tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A
quemar el libro. Serenidad, Montag. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor
aún, lánzalas al incinerador, ¿Los funerales son tristes y paganos?
Eliminémoslos también, Cinco minutos después de la muerte de una persona en
camino hacia la Gran Chimenea, los incineradores son abastecidos por
helicópteros en todo el país. Diez minutos después de la muerte, un hombre es
una nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos.
Olvidémoslos. Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y
limpio.
—Afortunadamente,
los casos extremos como ella no aparecen a menudo. Sabemos cómo eliminarlos en
embrión No se puede construir una casa sin clavos en la madera. Si no quieres
que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de
una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno o, mejor aún, no le des
ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es
poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los
impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello.
Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la
letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado,
o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles,
lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al
día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan,
tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los
hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como
Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se
encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de
televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los
hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trata de medir,
calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un
hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado ¡Al diablo con
ello! Así pues, adelante con los clubs, las fiestas, los acróbatas y los
prestidigitadores, los coches a reacción, las bicicletas helicópteros, el sexo
y las drogas, más de todo lo que esté relacionado con reflejos automáticos. Si
el drama es malo, si la película no dice nada, si la comedia carece de sentido,
dame una inyección de teramina. Me parecerá que reacciono con la obra, cuando
sólo se trata de una reacción táctil a las vibraciones. Pero no me importa.
Prefiero un entretenimiento completo.
*
* *
—Nadie
escucha ya. No puedo hablar a las paredes porque éstas están chillándome a mí.
No puedo hablar con mi esposa, porque ella escucha a las paredes. Sólo quiero
alguien que oiga lo que tengo que decir. Y quizás si hablo lo suficiente, diga
algo con sentido. Y quiero que me enseñe usted a comprender lo que leo. Faber
examinó el delgado rostro de Montag.
—¿Cómo ha
recibido esta conmoción? ¿Qué le ha arrancado la antorcha de las manos?
—No lo sé.
Tenemos todo lo necesario para ser felices, pero no lo somos. Falta algo. Miré
a mi alrededor. Lo único que me constaba positivamente que había desaparecido
eran los libros que he ayudado a quemar en diez o doce años. Así, pues, he
pensado que los libros podrían servir de ayuda.
—Es usted un
romántico sin esperanza —dijo Faber— Resultaría divertido si no fuese tan
grave. No son libros lo que usted necesita, sino alguna de las cosas que en un
tiempo estuvieron en los libros. El mismo detalle infinito y las mismas
enseñanzas podrían ser proyectados a través de radios y televisores, pero no lo
son. No, no: no son libros lo que usted está buscando. Búsquelo donde pueda
encontrarlo, en viejos discos, en viejas películas y en viejos amigos; búsquelo
en la Naturaleza y búsquelo por sí mismo. Los libros sólo eran un tipo de
receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay
nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo
unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para
nosotros. Desde luego, usted no puede saber esto, sigue sin entender lo que
quiero decir con mis palabras. Intuitivamente, tiene usted razón, y eso es lo
que importa. Faltan tres cosas.
-Primera:
¿Sabe por qué libros como éste son tan importantes? Porque tienen calidad. Y,
¿qué significa la palabra calidad? Para mí, significa textura. Este libro tiene
poros, tiene facciones. Este libro puede colocarse bajo el microscopio. A
través de la lente encontraría vida, huellas del pasado en infinita profusión.
Cuantos más poros, más detalles de la vida verídicamente registrados puede
obtener de cada hoja de papel, cuanto más «literario» se vea. En todo caso, ésa
es mi definición. Detalle revelador. Detalle reciente. Los buenos escultores
tocan la vida a menudo. Los mediocres sólo pasan apresuradamente la mano por
encima de ella. Los malos violan y la dejan por inútil. »¿Se da cuenta, ahora,
de por qué los libros son odiados y temidos? Muestran los poros del rostro de
la vida. La gente comodona sólo desea caras de luna llena, sin poros, sin pelo,
inexpresivas. Vivimos en una época en que las flores tratan de vivir de flores,
en lugar de crecer gracias a la lluvia y al negro estiércol. Incluso los fuegos
artificiales, pese a su belleza, proceden de la química de la tierra. Y, sin
embargo, pensamos que podemos crecer, alimentándonos con flores y fuegos
artificiales, sin completar el ciclo, de regreso a la realidad. Conocerá usted
la leyenda de Hércules y de Anteo, gigantesco luchador, cuya fuerza era
increíble en tanto estaba firmemente plantado en tierra. Pero cuando Hércules
lo sostuvo en el aire, sucumbió fácilmente. Si en esta leyenda no hay algo que
puede aplicarse a nosotros, hoy, en esta ciudad, entonces es que estoy
completamente loco. Bueno, ahí está lo primero que he dicho que necesitábamos.
Calidad, textura de información
—¿Y lo
segundo?
—Ocio.
—Oh,
disponemos de muchas horas después del trabajo.
—De horas
después del trabajo, sí, pero, ¿y tiempo para pensar? Si no se conduce un
vehículo a ciento cincuenta kilómetros por hora, de modo que sólo puede
pensarse en el peligro que se corre, se está inter-viniendo en algún juego o se
está sentado en un salón, donde es imposible discutir con el televisor de
cuatro paredes. ¿Por qué? El televisor es «real». Es inmediato, tiene
dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener
razón. Parece tenerla. Te hostiga tan apremiantemente para que aceptes tus
propias conclusiones, que tu mente no tiene tiempo para protestar, para gritar:
«¡Qué tontería!»
—Sólo la
«familia» es gente.
—¿Qué dice?
—Mi esposa
afirma que los libros no son «reales».
*
* *
—Sólo si la
tercera condición necesaria pudiera sernos concedida. La primera, como he
dicho, es calidad de información. La segunda, ocio para asimilarla. Y la
tercera: el derecho a emprender acciones basadas en lo que aprendemos por la
interacción o por la acción conjunta de las otras dos. Y me cuesta creer que un
viejo y un bombero arrepentido pueden hacer gran cosa en una situación tan
avanzada...
—Puedo
conseguir libros.
—Corre usted
un riesgo.
—Eso es lo
bueno de estar moribundo. Cuando no se tiene nada que perder, pueden correrse
todos los riesgos.
—¡Acaba de
decir usted una frase interesante! —dijo, riendo, Faber—. Incluso sin haberla
leído.
—En los
libros hay cosas así. Pero ésta se me ha ocurrido a mí solo.
—Tanto mejor.
No la ha inventado para mí o para nadie ni siquiera para sí mismo.
Los 80
Si consideramos a las distopías como pesadillas sobre el
surgimiento de estados totalitarios, es decir como la extrapolación del nazismo
y el socialismo, deberíamos considerar la existencia de un género que sea la
extrapolación del capitalismo salvaje. Donde el estado sea débil y cunda la
anarquía, que beneficia a enormes corporaciones que cuentan con ejércitos
privados.
Ese género, comienza en 1953 con la obra de Frederick Pohl y
Ciriy Kornbluth, mercaderes del espacio. Pero fue en los 80, con Bush a la cabeza
cuando surge el ciberpunk. Tiene como características un futuro donde el
capitalismo salvaje domina el mundo, donde las computadoras se unían a través
de internet y se configuraba un mundo virtual, el ciberespacio. Su mayor
exponente literario es Neuromante de William Gibson, en el cine lo explotaron
espectacularmente las hermanas Wachosky con la trilogía Matrix. Si las
distopías clásicas muestran un mundo donde el Estado ha tomado el control de la
vida social, en consonancia con el totalitarismo de la Alemania Nazi, el
ciberpunk es la pesadilla del triunfo del capitalismo salvaje. No es necesario
oprimir y reprimir a las masas, en busca de “un mango que te haga morfar” los
protagonistas del ciberpunk son capaces de caer en los más bajos comportamientos.
Los protagonistas del ciberpunk son sobrevivientes, los más nobles luchan por
mantener una conducta moral frente a una sociedad que tiene como única vara la
supervivencia, los menos nobles, sólo luchan por vivir un día más.
Distopias para jóvenes
A partir de los 60 el clima mundial no incentivaba a
explorar nuevas distopías, ahora eran los derechos sociales, la ecología y el
antimilitarismo las tendencias a extrapolar. Más adelante, en los 80 la crisis
económica promovió el surgimiento del ciberpunk.
Planteamos a los alumnos que hagan un punteo de cuáles son a
su modo de ver, los 5 desafíos que enfrenta la humanidad.
En el mundo actual asistimos a un nuevo ciclo de distopías,
fruto de una crisis mundial que no cesa. El mundo de hoy, con su cambio climático,
sus refugiados y migrantes, sus guerras locales, el surgimiento de nuevos
movimientos nacionalistas de derecha que aumentan su poder y en especial con la
asunción de Trump como presidente de Estados Unidos se parece a la introducción
de un mundo distópico, el momento en que las cosas comenzaron a pudrirse.
Ese interés por las distopías ha sido utilizado por los
escritores de literatura para Jóvenes Adultos (conocida como YA). Entre ellas
se destacan Los juegos del hambre, Divergente, Los feos, etc. Como gran parte
de la YA forman sagas de más de tres libros. También se verifica la
estructuración de la narración en torno al llamado camino del héroe (según la
definición de Joseph Campbell).
Proponemos a los alumnos, quienes seguramente hayan leído o
visto algún libro o película de los antes mencionados que analicen las
características distópicas presentes en cada uno de ellos.
Se recomienda la lectura de Los juegos del hambre o en su
defecto la visión de la película.
Los alumnos encontrarán las pautas de control y represión
social, el carácter de ceremonia religiosa de los propios juegos, la frontera
entre ciudad y naturaleza, etc.
Las distopías juveniles dan un marco para la rebeldía del
personaje. No es el caso de las distopías clásicas en que el personaje no logra
rebelarse, y si lo hace siempre es derrotado, acentuando la sensación de
opresión. En ese sentido las distopías juveniles que muestran una capacidad de
transformación social.
Una de las características más interesantes de las distopías
actuales para jóvenes es que las mujeres son las protagonistas: Katniss
Everdeen (Los juegos del hambre, Suzanne Collins), Beatrice Prior (Divergente.
Verónica Roth), Tally Youngblood (Uglies, Scott Westerfeld), entre otras.
La literatura seria ha tomado el tema y la prueba de ello es
la enorme repercusión que está teniendo el libro de Margaret Atwood El cuento
de la criada.
Ejercicios de
redacción sobre mundos distópicos.
Para la redacción de historias distópicas, conviene delinear
una sociedad distópica, describir sus principales características y luego
construir un protagonista que se rebele frente a ese estado de cosas. La idea
es transmitir esa sensación de agobio y alienación.
·
Describir una sociedad distópica a partir de dos
aspectos negativos de la sociedad actual.
·
Describir una sociedad distópica a partir de dos
aspectos positivos de la sociedad actual.
·
Describir una sociedad distópica exagerando un
aspecto inocente y anodino de nuestra sociedad.
·
Describir una sociedad distópica a partir de la
masificación de una tecnología que esté desarrollándose actualmente.
Conclusiones.
En todas las distopías, podemos ver que el principal
objetivo del Poder es mantener al pueblo en la ignorancia: quemando libros,
usando la televisión, degradando el arte, manipulando la historia. Como
docentes debemos extraer una lección fundamental, nuestra tarea es fundamental
para resistir, para construir un futuro que no sea distópico. La degradación de
nuestra tarea, la disolución de los planes de estudios, las reformas al estatuto,
son pasos en la dirección de las distopías, resistir, construir alternativas,
luchar contra el Poder son la única manera de no despertar un día en un futuro
distópico.
Material audiovisual para complementar la secuencia:
Entrevista a Aldous Huxley: https://www.youtube.com/watch?v=6vR-8H0m-WQ&list=WL&index=59
Corto animado basado en Un mundo feliz: https://www.youtube.com/watch?v=k7BU1YIa-Fs&list=WL&index=58
Trailer de la película 1984: https://www.youtube.com/watch?v=1yj_Ww6jRkc
Fragmento de 1984, dos minutos de odio: https://www.youtube.com/watch?v=ptSsp_aFsWc&t=40s
Trailer de Fahrenheit 451: https://www.youtube.com/watch?v=w0PwQOr53SA&t=33s
Todos los capítulos de la serie Black Mirror (con excepción
del capi 1 de la temporada1)
Bibliografía
V de venganza, guión Alan Moore, ilustr.
David Lloyd
Gatacca, dirigida por Andrew Nichol. 1997
Equilibrium, dirigida por Kurt Wimmer, 2002
Distopias
argentinas:
Caín. Guión Barreiro, ilustr. Eduardo Risso,
1993.
Distopías
clásicas:
Nosotros, Yevgueni Zamiantin
Un mundo feliz. Aldous Huxley
1984. George Orwell
Farenheit 451. Ray Bradbury
Distopías
de los 60:
Todos sobre Zanzíbar. John Brunner. 1968
Un mundo interior. Robert Silbergberg. 1971
La naranja mecánica. Anthony Burguess. 1962
La décima víctima. Robert Sheckley. 1978
Mercaderes del espacio. Fredecik Pohl. 1953
La fe de nuestros padres de Philip K. Dick.
La pianola. Kurt Vonnegut.
El hombre en el castillo. Philip K. Dick
Limbo. Bernard Wolfe
Lengua materna y La rosa de Judas de Suzette
Haden Elgin
Swastika Night de Katharine Burdekin
¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! de Harry
Harrison
Los amantes de Philip José Farmer.
Congreso de
futurología. Stanislaw Lem
Campo de concentración Thomas Disch
334 Thomas Disch
En alas de la canción Thomas Disch
Distopías
juveniles actuales:
Los juegos del hambre. Suzanne Collins
Divergente. Verónica Roth
Maze runner James Dashner
El dador de recuerdos. Lois Lowry
Traición. Scott Westerfeld.
Distopías
actuales:
El cuento de la criada. Margaret Atwood
La chica mecánica. Paolo Bacigalupi.
La larga marcha, Stephen King
Distopías
en libros para chicos:
Son tumikes. Sebastián Vargas
Lo único del mundo. Ricardo Mariño
Gravedad
artificial. Mathew Anderson
Ramón Paez.







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