Por qué queremos que lean
Por qué queremos que los niños lean.
Por qué insistimos todo el tiempo en exigir a los
gobiernos que lleven adelante planes de lectura.
Por qué pensamos en formas para que los chicos
dejen los jueguitos y se pongan con un libro.
Por qué insistimos que leer abre mentes, muestra
mundos y otras metáforas similares.
Por qué queremos que lean.
Qué ocurre con esta idea de lectura en la que parece que leer es mejor que correr, que explorar, que aprender de ciencias,
que filosofar.
Cientos de horas de cientos de especialistas de
decenas de países buscando como hacer que los chicos lean.
Ongs que se ocupan del tema.
Fundaciones.
Asociaciones.
Para qué.
Unos esperan que las pruebas den mejor.
Otros esperan que la comprensión lectora permita
decodificar mejor ciertos textos.
Algunos que los chicos y chicas se vuelvan
sujetos más conscientes.
La mayoría busca que exploren sus gustos y sus
posibilidades.
O que encuentren placer en leer.
O disfrute con las historias.
Y estimulen la fantasía.
Amplíen su lenguaje.
Para qué.
Qué es lo que esperamos que ocurra.
Qué materia mágica tiene la lectura que pensamos
va a cambiar el estado de las cosas.
Sabemos además a ciencia cierta que leer mucho no
implica en ningún caso no caer en trampas, votar “mal”, tener menos conciencia.
Sabemos que adultos que son grandes lectores encarnan defectos que nos parecen
no solo reprochables sino también condenables.
Entonces sí leer no te hace más sabio, reflexivo,
empático, capaz de comprender la realidad que se vuelve más y más compleja.
¿Para qué necesitamos que lean?
1.
En el año 1998 Graciela Montes en Madrid dictó
una conferencia para la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. El texto lleva por
nombre El espacio social de la lectura.
“¿Cómo se explica ese perpetuo tono de insatisfacción cuando hablamos
de lectura, esa vaga culpa, esa rara nostalgia?
Mi impresión es que confluyen en este momento un conjunto de “ideas
acerca de la lectura” bastante cristalizadas, resabio de la estructura del
sentimiento de un momento histórico anterior, y una experiencia viva de nuestro
tiempo en el que la lectura no termina de encontrar su significación y su
sitio. Hay un desencaje. […]
Da la sensación que nuestro tiempo […] ha perdido la su confianza en
la lectura, no está muy seguro de para qué sirve y, avergonzado por haber
dejado caer algo tradicionalmente tan valioso, de a ratos compone elegías sobre
ella y de a ratos la disfraza y la hace bailar como a un monito.”
Año 1998 y Montes ya percibía que nuestra idea de
la lectura estaba en crisis.
¿Qué pasó en estos 20 años que pasamos por alto
todas estas preguntas?
2.
El año 2018 me tocó pensar y organizar un nuevo
plan de lectura para la Ciudad de Buenos Aires. Tarea que ya había tenido entre
manos en el 2007. Hace 12 años cuando nos reuníamos a pensar el plan de lectura
para la ciudad de Buenos Aires y planeábamos la entrega de libros para las
bibliotecas personales de los miles de chicos que concurrían a las escuelas
públicas de la ciudad, plan que en algunos casos inauguró la biblioteca en la
casa de muchos niños, que acompañó, apuntaló e hizo crecer la de otros y que en
muy pocos casos terminó en Mercado libre, pensaba y tenía en la cabeza todo el
tiempo una idea de la biblioteca personal como una experiencia individual de la
lectura, un encuentro uno a uno de libro lector y la idea de formar lectores
que atesoren sus libros y los guarden para el futuro de la misma manera que yo
si hubiera podido hubiera guardado los míos.
Y hago un paréntesis, he pasado gran parte de mi
vida adulta buscando y recuperando los libros que por las condiciones políticas
de mi país perdí en mi infancia. En eso pensaba principalmente cuando
trabajamos en equipo en la conformación de esas bibliotecas personales.
Sin embargo diez años después puedo decir que fue
increíble, que me encuentro chicos que tienen esos libros en sus casas. Pero
también puedo decir que la idea de lectura que tenía en ese momento, cambió por
completo. Ya no puedo pensarla simplemente como un acto individual, es en sí
misma un acto colectivo, que nos contagiamos de lectura, que leemos juntos y no
solo me refiero claro a la escucha cuando nos leen en grupo, me refiero a que
cuando estamos a solas con un libro, también leemos en comunidad.
Obvio que esta idea no es mía ni es nueva. De
hecho, casi todas las ideas ya alguien las pensó antes y las planteó mejor.
Constantino Bértolo en su libro La cena de los
notables señala:
“Lo que atañe a la lectura tiene su raíz en el
convencimiento de que es la realidad que nos acompaña quien lee con nosotros al
tiempo que, dialécticamente, esa realidad brota de la lectura que efectuamos de
lo existente, material o inmaterial, tangible e intangible. Y que, en efecto,
toda lectura si bien, y precisamente por serlo, es lectura compartida, común,
colectiva.”
Creo que la clave de lo que señala Bértolo en
este fragmento es la palabra DIALÉCTICA, y pienso que esa una de las razones
por la que no logramos que la lectura se vuelva una actividad masiva. Por
alguna razón hemos dejado de lado la idea de que la lectura es a la vez, lo
solitario, silencioso y lo comunitario y la escucha. Es por un lado mi libro y
por otro nuestro libro. Es una idea de lectura que va más allá de lo individual
y de lo social y que al pensarlo se vislumbra lo que nos hace humanos.
Por eso esta nueva idea de Plan tenía que
pensarse en relación a las bibliotecas escolares, en materiales para crear
bibliotecas de aula y especialmente en la ampliación de acervos de las
bibliotecas, centros lectores que tienen una potencia que trascienden cualquier
idea que viene desde el Estado porque pasa a formar parte de ese organismo tan complejo
que es la escuela. Y entonces eso hicimos.
3.
Leer es un acto complejo, “leer no es una
improvisación”, dice Eliana Yunes en su libro Tejiendo al lector:
“El acto de leer no corresponde únicamente al entendimiento del mundo
del texto, sea este escrito o no. La lectura exige movilizar el conocimiento
del otro —el lector—para actualizar el del texto y hacer sentido en la vida,
que es el lugar donde ese lector realmente está. Aprender a leer es
familiarizar-se con diferentes textos conocidos en diferentes esferas sociales
—periodística, artística, judicial, científica, didáctico-pedagógica,
cotidiana, mediática, literaria, publicitaria, entre otras — para desarrollar
una actitud crítica, es decir de discernimiento, que lleve a la persona a
percibir las voces presentes en los textos y percibir-se capaz de tomar la
palabra frente a ellos.”
En este caso la palabra clave es DISCERNIMIENTO.
Eliana nos invita a pensar la lectura como una forma de pensar y pensar-se,
pero principalmente invita a actualizar ese texto y hacerlo carne en la vida.
Establecer una actitud crítica, reflexiva frente al propio acto de leer.
4.
Sigo buscando esa definición que me permita
entender nuestro empeño porque se lea, porque los niños lean, porque los
adultos lean.
“Postularemos que la lectura es un dispositivo educativo entretejido
en las prácticas sociales. Esto tiene que ver con la institución educativa y
también con un conjunto más amplio de acciones, experiencias, tradiciones,
horizontes y espíritu lúdico. Si la lectoescritura constituye la base de las
relaciones sociales, políticas y culturales que establecemos en el mundo,
comprender los modos de apropiación, se convierte en un axioma ético de parte
de los adultos.”
Axioma ético dice Melisa Maina en su texto Entre
el globo y el alambre de púas.
Y sigue:
“La lectura es una práctica que abre la puerta a una diversidad de
experiencias; desconcierta, aterra, resguarda y permite habitar una vivencia
propia o ajena. En general, la literatura en la escuela quedó confinada al
lugar de la lectura por placer mientras que existe una marcada tendencia a
afirmar a la lectocomprensión como la específicamente encargada de conducir a
la lectura comprensiva, la lectura para aprender.”
5.
Pienso entonces en una suerte de definición. Leer
es un desafío, un placer una experiencia, una actividad solitaria, una práctica
cultural, un derecho humano y social, una construcción social a la que cada
época le da distintos sentidos tomando ideas de Isaza y Sánchez, de Silvia
Castrillón, de Emilia Ferreiro.
Pero tampoco. Porque estos conceptos por sí solos
no dan cuenta de nuestro empecinamiento para lograr que más gente lea. Y digo
nuestro porque en mis redes sociales tengo miles de personas, y de esas miles
la gran mayoría vive por y para lograr que se lea más. Con distintas formas,
desde diferentes lugares, desde miles de perspectivas, con decenas de
definiciones, puntos de vistas, ideologías. Y eso también deberíamos pensarlo.
Como personas con ideas de mundo, de sociedad, de cultura, con ideologías tan
disímiles quieren lo mismo.
¡Que los niños lean!
6.
Leer produce muchas veces desasosiego, nos hace
abandonar lo conocido, nos hace preguntarnos acerca de cuestiones que de
otra manera no hubiésemos hecho. Y en un mundo donde lo que en general buscamos
es el escape leer no sirve, porque te trae, te ubica, te
interpela, te obliga a participar.
¿Necesitamos personas desosegadas, movilizadas,
críticas?
Será por eso el aumento de libros que hablan de
calma, del encuentro del yo, de técnicas para relajarse. Será por eso el aumento de libros iguales que no crean problemas, que no asustan, que te hacen pisar por donde ya estuviste. Será por eso el aumento de libros de los que
salís así igual que como entraste y dos semanas después no podés explicarle a nadie de que era que trataba.
No lo sé.
No lo sé.
Y me lleno de preguntas mezcladas, inconexas.
¿Es cierto que no importa qué libros leen contar
de que lean?
¿Es cierto que los libros que les gustan a los
adultos no le gustan a los niños?
¿Es cierto que los libros que les gustan a los
niños no le gustan a los adultos?
¿Es cierto que todos los libros que se venden
mucho son malos y que los buenos libros se venden poco?
¿Es cierto que las docentes eligen los libros por
el regalito que le da el promotor y no porque lo probaron en el aula y saben que les
funciona ese año en ese grupo?
¿Es cierto que un especialista va a saber más
sobre qué libro tiene que leer ese pibe o piba en ese grado, ese año, en ese
país o lo sabe mucho mejor la docente que está frente al grupo y los ve todos
los días todas las horas que va a la escuela?
Puedo seguir con miles de "es cierto",
porque en cada artículo que leo sobre el tema de lectura hay un prejuicio
escondido tras él. Este por ejemplo, seguro está plagado de ellos.
7.
Sé que palabras como "hábito", "comprensión", "placer" asociado con "lectura" son contrarias a mi idea de lectura, de leer y de lector.
Leer no es un hábito como
lavarse los dientes o hacer ejercicios, no se aprende a leer leyendo todos los días 20
minutos por las mañanas, no se ejercita el músculo lector. La comprensión
lectora no es un elemento separado de la lectura, que podemos extraer para
lograr que se lea y se comprenda. Y el placer de leer solo puede estar pensado
por una pequeña burguesía que lee por el disfrute, tranquila en un momento de
ocio y no por la necesidad imperiosa de cambiar la realidad.
Y mientras más busco definiciones que me queden,
que se me adapten a lo que pienso, entiendo por qué yo quiero, no otros, no el
gobierno, no los planes de lectura, por qué YO quiero que lean.
Quiero que lean porque a mi leer me ayudó a
comprender, a encontrar respuestas, a pensar, a buscar, a disentir, porque en
muchos momentos de extrema soledad me acompañó y me dio fuerzas. Porque en
momentos de dolor infinito una frase en un libro me consoló para poder seguir.
Porque en mi vida la lectura, los libros, me hicieron ser quien soy. Y quizás
eso es lo único que deba decir al buscar una definición de lectura. Una definición
subjetiva. personal, individual que puedo poner a discusión con otros en el
encuentro, en lo colectivo. Cuando se cruzan con otras historias, con otros
recorridos, con otras miradas.
Y sí, yo quiero que lean.
Bibliografía por orden
de aparición.
Montes, Graciela. “El
espacio social de la lectura”, en
Literatura Infantil. Creación, censura y resistencia. Colección la Llave,
Sudamericana, Argentina, 2003.
Bertolo, Contanstino. La cena de los notables, Mar Dulce,
Argentina, 2015.
Yunes Eliana. Tejiendo
al lector. Una red de hilos cruzados. Ríos de tinta, México, 2008.
Maina, Melisa. Entre el globo y el alambre de púas. La
dimensión subjetiva de la lectura en Latinoamérica. En TRASLACIONES Revista
Latinoamericana de Lectura y Escritura- ISSN 2362‐6194


Yo también quiero leer y que leamos todes para hidratarnos de humanidad y empatía!!!
ResponderEliminarMientras leía me acordaba de una cita de María Elena Walsh:
ResponderEliminar"La lectura no da plata, no da prestigio, no es canjeable, no sirve para nada. Es una manera de vivir, y los que de esa manera vivimos querríamos inculcarla en el niño y contagiarla en el prójimo, como buenos viciosos."
Gracias Carola
Creo que leer, nos ayuda a viajar imaginariamente a conocer otros mundos.
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