Los niños también tienen memoria. Yo también.
Los niños también tienen memoria
El año 2013 en Chile se cumplieron 40 años del golpe militar y muy
tímidamente comenzó a pensarse el tema de la dictadura. Uno de los libros que vino a mi encuentro hace muy poco es: Los niños también tienen memoria, de
Lilian Pinto Durán.
Un libro particular. No sé bien como decirlo, no sé cómo abordar
la reseña sin decir que el libro es extrañamente malo en distintos niveles, y
cuesta criticar un libro que aborda un tema tan importante, pero no puedo dejar
de hacerlo y paso a explicar.
El libro se presenta como una investigación sobre la mirada que
tuvieron los niños del Golpe de Estado en Chile en 1973. La autora mezcla
constantemente la investigación con su propia autobiografía, en un tono
alambicadamente intimista.
Por ejemplo, el comienzo de la investigación acerca de los niños y
la dictadura es a propósito de que su hijita es víctima en su escuela de tratos
cercanos a la tortura. A partir de allí todo un mundo se abre y la autora
comienza a hacerse preguntas 40 años después. Hasta ahí, vamos, bienvenido.
Ella relata su historia, que es la de muchos, que vivió ajena a la dictadura,
que no se enteró hasta muy grande, que el silencio, y así. Nos cuenta su vida
de niña en el puerto, su padre dirigente sindical, su madre del partido
Nacional. Nos cuenta que la realidad era tapada por cientos de horas frente a
la tele.
Y se hace una pregunta: qué hacían los niños en las poblaciones (villas)
que no tenían un televisor. De su investigación en la población La Legua, que
no está claro si es algo más que la recolección de testimonios, responde que la
represión rompió los lazos entre adultos y niños y que por ello los niños se escudaban
en las drogas (la marihuana en este caso).
Y aquí, ya en la página 75, me cuesta seguir con la crítica seria.
Yo puedo entender que uno crezca sin saber que hay cientos de miles de muertos,
entiendo que decidas a los cuarenta años remover la modorra y comenzar a
investigar. Pero señora Lilian, ¿sabe qué? yo no le voy a permitir decir que
miles de niños en las poblaciones solo se dedicaron a drogarse. Mientras usted
veía el Japenning con Ja, mientras usted se apoltronaba en su sillón, cientos
de pibes en las poblaciones luchaban contra la dictadura. Se organizaban en
ollas populares, salían a trabajar, iban a la escuela, las tomaban, militaban
en organizaciones sociales y partidos políticos, eran apresados y torturados,
muchos fueron desaparecidos. La porción de pibes que terminaban en la esquina
era mínima. Y se necesitó años, la represión pinochetista y la desilusión en
las promesas de la Concertación, años de años y kilos y kilos de droga para
apocar esa rebeldía y convertir las poblaciones en reductos de los narcos. No
se equivoque en su análisis Lilian, porque es entendible que usted estuviera lo
más tranquila en su casa, pero otros si tenemos memoria, si estábamos allí, si
recordamos y luchábamos todos los días. Y no es una cuestión de opinión, ni de
dónde estaba cada una. La convido a leer cualquier libro de historia sobre la
resistencia a la dictadura pinochetista antes de hacer una reflexión a la
ligera sobre un tema tan fuerte.
Pero bueno, sigo adelante con el libro. Me quedan todavía 200
páginas.
La autora acompaña cada uno de los testimonios de reflexiones
sesudas. En un momento habla de la voz de los sin voz, de los niños que nadie
escucha. La indignación me sube por la garganta. ¡Ah no!
Señora Lilian le voy a contar una historia: Mientras usted miraba
la tele, destacados profesionales de la salud mental y física crearon el PIDEE,
el PIEE y el FASIC. Cientos de niños con historias de horror pasaron por esas
consultas, hablaron de las muertes de sus padres, de las torturas, del exilio y
nos fuimos sanando. Gracias a esas personas que desde el día 0 nos acompañaron.
Es más, se creó un modelo de intervención psicológica para abordar estos
casos.
Y a pesar de todo seguí leyendo. Y no me quedó más nada del libro.
Sólo la transcripción de los testimonios y la autobiografía de la señora Pinto
Durán, que se atreve a comparar su proceso de divorcio de un marido que la
maltrataba psicológicamente con una dictadura militar de las más sangrientas
que hubo en América Latina. Evidentemente el ombligo de la señora Pinto Duran
es grande.
Su fragilidad epistemológica es brutal. No es otra cosa que la
mirada de una mujer pequeñoburguesa que mira desde lejos una situación. Que
disfraza de investigación las ganas de comentarnos qué recuerda del golpe
militar.
Algunos apuntes durante la lectura:
A lo largo del libro la autora no nos plantea cuál
es su perspectiva sobre el proceso histórico que está investigando y es que su
intento de reconstruir la mirada de los niños tropieza con un punto de partida
al menos endeble, no se puede estudiar los efectos del Golpe militar del 73, que fue sólo un
momento, el inicio de una dictadura que duró 16 años y en muchos aspectos aún
no terminó.
No puede considerarse lo mismo desde un punto de vista psicológico, un niño que tenía 4 años en el 73 y creció en dictadura que un adolescente de 16. Un verdadero estudio debería centrarse en el proceso de crecimiento durante la dictadura, de lo contrario el estudio se vuelve ahistórico.
La autora no especifica de qué manera ha obtenido los testimonios que presenta, qué cantidad de testimonios ha recabado, su origen social o político.
El estudio deja de ser científico, y los testimonios sólo se prestan a ilustrar el punto de vista de la autora sobre tal o cual tema.
La endeblez epistemológica no logra disimularse con el tono intimista y autobiográfico. No se puede escribir historia sin leer a los que escribieron antes, de lo contrario se descubre la pólvora, se cae en los lugares comunes o se escribe desde el ombligo. Y en un tema tan importante, no hacerlo es una falta de respeto para con los que vinieron antes, los que cayeron luchando contra la dictadura, a los cuales se los reduce al deseo de organizar un partido de fútbol, cito:
No puede considerarse lo mismo desde un punto de vista psicológico, un niño que tenía 4 años en el 73 y creció en dictadura que un adolescente de 16. Un verdadero estudio debería centrarse en el proceso de crecimiento durante la dictadura, de lo contrario el estudio se vuelve ahistórico.
La autora no especifica de qué manera ha obtenido los testimonios que presenta, qué cantidad de testimonios ha recabado, su origen social o político.
El estudio deja de ser científico, y los testimonios sólo se prestan a ilustrar el punto de vista de la autora sobre tal o cual tema.
La endeblez epistemológica no logra disimularse con el tono intimista y autobiográfico. No se puede escribir historia sin leer a los que escribieron antes, de lo contrario se descubre la pólvora, se cae en los lugares comunes o se escribe desde el ombligo. Y en un tema tan importante, no hacerlo es una falta de respeto para con los que vinieron antes, los que cayeron luchando contra la dictadura, a los cuales se los reduce al deseo de organizar un partido de fútbol, cito:
“Por otro lado, “giles” y “choros” algunos ajenos a
esta disyuntiva aprovechaban el día Domingo (con mayúsculas en el original)
para dar rienda suelta a sus encuentros pichangueros, incluso se batían a duelo
por algún penal mal cobrado […] Sin embargo, al terminar el día se
reencontraban en el “clú” con garrafitas y empanadas para compartir.
El Golpe Militar terminó con todo esto. La Legua fue
invadida tras haber sido catalogada como “zona roja” y amenazante.” (pp. 77)”
No habla de la historia anterior de La Legua, nada de patria socialista, nada de ideales, nada de
cordones industriales, nada de militancia revolucionaria, la Legua era
peligrosa porque se organizaban partidos de fútbol. La impostura roza el
ridículo.
El libro tiene una enorme virtud, sin embargo, nos
muestra un campo de estudio válido y promisorio, con la condición de que seamos
serios y respetuosos al trabajar en él.

La pucha, Carola, no leí este libro pero creo en tu lectura.
ResponderEliminarRecuerdo que hace unos días (como tantas otras veces) se debatía en FB sobre si era o no necesario, posible o conveniente hacer críticas negativas de libros para niños que consideramos malos... Ante situaciones como esta, que atentan contra los derechos de los niños (en este caso a la información, en otros, el derecho a vivir experiencias estéticas auténticas y enriquecedoras), no nos podemos quedar todos callados. Gracias, Carola, por ser la que levanta la voz. Con nivel, y con valentía, con argumentos y con conocimiento. Un beso.
ResponderEliminarMuchos académicos y expertos se han “apropiado de la historia ajena” y han construido una verdad histórica, económica, social, política, sociológica y “confirmado el modelo chileno” verdadera dictadura permanente del golpe de estado. Es muy abusivo los insultos “por lo poco académico y falta de experticia según la crítica de esta nota”, hay mucha gente que no tienes esos recursos de la nomenclatura oficial chilena, el esfuerzo de Lilian Pinto no merece el menoscabo que esta crítica cuya”obra no conozco “pero la intentare de buscar. Aquí hay un trabajo, un esfuerzo y sobre todo el derecho y deber de escribir sobre este tema y otros. Los intelectuales “orgánicos chilenos” no han encontrado un solo desaparecido ¡! No me gusta el tono y erigirse juez y parte es mediocre. Yo felicito el esfuerzo de Lilian PINTO con todos sus defectos y virtudes y la historia será tema de los historiadores y la memoria un deber de todos los justos.
ResponderEliminarAprecio tu opinión. La mía está escrita, lo único que puedo decirte es que un esfuerzo no mejora una obra.
ResponderEliminarSaludos
Editorial importante en CHILE, tomó el libro. Se viene los niños el 2018!!!
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